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Bienvenidos a Tromaville
Por Diego Titán

La ciudad de Tromaville, ubicada en el extrarradio de New Jersey, se aleja, digamos, del concepto occidental de paraíso: residuos tóxicos y radioactivos por doquier, bandas callejeras de punks, pijos o motoristas asesinando a niños y ancianas, amputaciones de miembros varios a los conciudadanos en establecimientos públicos, varios reactores nucleares, altas esferas corruptas, torturas y humillaciones en plena calle... pero en Tromaville la gente es feliz.

Y no es para menos; según Lloyd Kaufman, co-fundador de Troma, Inc., Tromaville viene a ser, al igual que ocurre con Los Ángeles en la costa oeste, otra ciudad de los sueños (sueños húmedos y perversos, se entiende).

Allá por el año 1974, para ponernos en situación, dos estudiantes de la Universidad de Yale, Lloyd Kaufman y Michael Herz, apasionados por el cine de verdad, el cine en estado puro, el cine independiente (no entendiendo como tal, por ejemplo, la trilogía trash de Paul Morrisey para La Factory de Warhol, benevolentes a su pesar en sus filmes, sino al tipo de cine de Russ Meyer y sus hiper-chicas, o Roger Corman y la American International Pictures), deciden fundar una productora de cine de serie B (que luego desembocaría en varias películas de serie Z, para gozo, delirio y agradecimiento infinito nuestro), a la que llaman Troma, Inc.

Pasados casi 30 años desde su creación, Troma constituye una empresa que funciona de maravilla: beneficios millonarios, fans acérrimos en todo el mundo, y lo más importante, un fondo de buen humor, cachondeo y mala leche, que hacen que rodar un pelicula Troma sea un clímax de principio a fin, que hace que al final las películas si no quedan redondas, pues quedan cuadradas, pero lo que importa es morirse de la risa y pasarlo de miedo.

Todo el mundo sabe que hablar de Troma significa hablar de cutrez, de gore, de sexo, y de humor, de mucho humor. En definitiva, hablar de Troma es sinónimo de diversión.

Algunas de las películas que Kaufman y Herz han realizado hasta el momento (en todas ellas, la acción, directa o indirectamente, se centra en la por desgracia imaginaria Tromaville), responden a títulos tan asombrosos como: "Los surfistas nazis deben morir", "Tromeo y Julieta", "Terror Firmer", "Zombie Island Massacre", "Troma´s War", "Ferocious Female Freedom Fighters", "Class of Nuke´em High", o la popular serie "El Vengador Tóxico".

El Vengador Tóxico (1985) constituye el buque insignia de Troma, su película más popular, y es ya desde hace tiempo un film de culto por méritos propios, un clásico que cuenta ya con tres secuelas. Toxie es dicho Vengador, convertido en mounstruo mutante después de haber caído en unos containers de residuos químicos como resultado de las humillaciones sufridas a costa de unos hijos de puta del barrio, por ser feo, desgarbado, impopular, y por dedicarse a fregar el gimnasio.

Desde ese momento, se dedicará noche y día a sembrar justicia en la ciudad (ya quisiera Nicholas Cage parecerse mínimamente a Melvin), dándoles a los incautos malhechores su misma medicina, teniendo infinidad de ensangrentadas aventuras, y dándole incluso tiempo a enamorarse de una rubia 100-60-90 (y que ella se enamore de él, que ahí está la gracia).

Excesiva y grotesca, gamberra y divertida a partes iguales, y con el inconfundible y peculiar sentido de la moral de Troma, y muy especialmente de Mr. Kaufman, Toxic Avenger ha sido incluso un éxito en lo que se refiere al merchandaising (muñecos Toxie, fregonas oficiales, y hasta tu-tús de coleccionista), y ha sido llevado al cómic, e, incluso, a la televisión, en forma de serie para niños (aligerando fondos y formas, eso sí). Sin duda, el primer héroe gore aclamado por multitudes: adultos, niños, y hasta organizaciones tales como la O.N.C.E. han manifestado públicamente su devoción por el personaje y la película.

Siguiendo con Troma, Inc., productora vil, consiguió extenderse a Nueva York, Londres y Los Ángeles. Hay quien dice que los actores y los técnicos cobran poco (muy poco), pero a la mayoría les importa poco, pues se lo pasan como Dios, y además cuentan con el motivador recuerdo de profesionales hoy mainstream que comenzaron en Troma, tales como Kevin Costner, Vincent D´Onofrio, o John Cusack.

Dicen que cuando uno decide visitar cualquiera de sus sedes, puede tener el ¿dudoso? placer de ser conducido por el mismísimo Toxie en una visita por los estudios, además de ser obsequiado con un desayuno continental propio del más exigente sibarita, una camiseta, e incluso una muestra del célebre perfume Aroma du Troma.

En general, y volviendo a las producciones Troma, todas ellas comparten un posicionamiento moral bastante similar y característico, como, por ejemplo, el desprecio por mayorías tan dusosamente encomiables como puedan ser los yuppies, la policía, o el ejército, y por el contrario lógico, una abierta simpatía por minorías, frecuentemente baluartes freaks, y por la gente corriente, aparte de por todo aquello que desafíe cualquier orden establecido, ya sea a nivel social, dentro de las películas, o cinematográfico (este tiene más gracia), con todo lo que rodea a la producción de las mismas.

Las películas Troma, de ahí su rentabilidad, cuestan cuatro duros (hay, como siempre excepciones, como fueron los casos de "Citizen Toxie" o "Class of Nuke´em High II, que alcanzaron cada una el coste de cinco millones de dólares, pero que son sólo eso, excepciones, y tras ellas Troma volvió a su "modestia" habitual); suelen manejar cifras de presupuesto que vienen a ser la mitad de cualquier producción española media, y ya veis el resultado general patrio, joda o no al personal. Aparte, su producción y filmación es prácticamente casera, y todo se gestiona a través de la propia Troma, con lo que todo queda en casa, y el remanente se reinvierte en más y más pelis.

Además, volviendo al tema económico-financiero, siempre prima la cantidad sobre la calidad (eso no quita que de vez en cuando realicen obras extraordinarias, como algunas de las comentadas): suelen producir entre 8 y 15 películas al año, y todas ellas poseen todos los elementos comerciales necesarios para enganchar a su público potencial (de 17 a 35 años, en general sin escrúpulos culturales, -ahí radica su mayor cultura, Kaufman lo sabe bien-): violencia, efectos especiales, desnudos, sangre, humor grueso, y que se distribuyen principalmente en vídeo, televisión por cable, y otros canales populares y económicos.

Para conseguir esto, Troma ha debido superar numerosos contratiempos (como cualquier genialidad que se precie) con la férrea censura americana e internacional, con los canales de distribución tradicionales, y, en principio (ahora ya no, era hora...) con el desinterés, e incluso desprecio, de la prensa especializada, dominada por las Majors hollywoodienses.

En tan corto espacio comprended es imposible enumerar todas y cada una de las películas, virtudes y aciertos de Troma y sus producciones (también sus aspectos negativos e impropios, of course; no nos olvidemos que en el fondo es una empresa, capitalista, y que, cual Amancio Prada cualquiera, por poner un ejemplo infame, busca, digan lo que digan los puristas del medio, el beneficio propio).

Por todo ello; por el optimismo que desprenden sus films, por la sangre que se derrama en ellos, por las transformaciones virulentas que sufren los personajes, por el ambiente verdoso y contaminado de sus decorados, y, en general, por su tono sexy, desenfadado y terroríficamente divertido, adoramos a Troma y a todo lo que ella como entidad, y todos sus colaboradores, quieran vomitarnos por encima año tras año.

Rubens dijo: "La arruga es bella". Yo digo: "la basura es edificante". Pasaré a la historia. ¿O no? Creo que no fue Rubens...

Troma no mola tanto como parece

 

Mayo 2002

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