
Cosas y personas de las que nadie se acuerda
Rubí, la heroína más brava de Caracas
Por Misternny
1990. Los grandes seriales norteamericanos agotaban sus últimos capítulos en su país de origen y todo parecía indicar que por fin el buen gusto iba a reinar en nuestros televisores.
Ignorábamos la que se nos venía encima: una avalancha de telenovelas venezolanas que se colaron casi de puntillas en la programación de La 2 como espacios de relleno y acabaron congregando en sus mejores momentos a unos siete millones de fieles.
"Cristal" fue la culpable de éste fenómeno de masas. Inexplicablemente a todo el mundo parecían interesarle las andanzas de una joven e inocente modelo con cara de pánfila que luchaba por el amor de un rico heredero.
Esta telenovela constaba de 260 episodios, escritos por Delia Fiallo, una cubana que monopolizó el negocio de los guiones de este tipo de subproductos.
Decía esta mujer que el público prefería sus historias porque la gente se identificaba más con los problemas de una mujer embarazada que no sabe qué hacer con su hijo que con un millonario que teme perder sus valores en la bolsa de NY.
Los culebrones se multiplicaron como una plaga por las programaciones de todos los canales, decididos a explotar al máximo el filón descubierto.
La principal característica de este producto es la falta de presupuesto con el que se rodaba.
No era extraño ver los mismos muebles en varias telenovelas diferentes, y los actores eran casi siempre los mismos...
Y tal y como vino la fiebre, se desvaneció rápidamente. De llegar a tener hasta 15 telenovelas diferentes a lo largo de todo el día en los diferentes canales de TV, hemos alcanzado la sequía más absoluta.
Ahora se llevan los culebrones más baratos todavía que se desarrollan en un saloncito o en torno a una mesa de debate.
Si tuviéramos que quedarnos con una telenovela de entre todas las que se han emitido, no lo dudaríamos: "Rubí" era la mejor. Fue el último éxito masivo que emitió TVE, y se trataba del culebrón más psicotrónico y delirante que pudimos soportar.
Haremos un resumen de su alucinante historia:
Érase una vez una pobre huérfana llamada Rubí González que se ganaba la vida como podía en el barrio más pobre de Caracas. Vivía con la bruja Palmira, una buena mujer un poco alcohólica que la cuidaba y que quizás conocía el terrible secreto que se escondía tras la identidad de los padres de Rubí.
Meche era la mediohermana de Rubí que vivía con ellas, menos trabajadora y algo propensa a meterse en líos.
Lejos del suburbio, y rodeados de toda clase de comodidades vivían los Miranda, una acaudalada familia.
Lucrecia Miranda era la señora de la casa, viuda y con tres hijos: Victor Alfonso, el galán de la telenovela, Nelson, el delincuente de turno, y Virginia, como su nombre indica era la pardilla de la familia y encima ciega y todo.
Ah, bueno, y con ellos vivía la abuela, que esa sí que tenía pasta, pero no soltaba ni un duro, y se muere y no les deja ni un centavo a los Miranda.
Lucrecia se queda superrabiosa por que es que la abuela le ha dejado los millones a la zarrapastrosa de Rubí (la verdad es que no recuerdo cuál fue el motivo).
Por una casualidad de la vida, Rubí y Victor Alfonso se conocen en la calle y se enamoran. Pero existe un gran impedimento para su amor, ya que Victor A. Está comprometido con Gladys, una ricachona caprichosa y muy amiga de Lucrecia.
No obstante, en cuanto Lucrecia huele el dinero de Rubí, consiente la relación... que no terminará felizmente, por las múltiples trabas que Gladys les pone.
Una vez integrada en el hogar de Los Miranda, Rubí sufrió todo tipo de humillaciones. Se pasaban todo el rato insultándola, llamándola zarrapastrosa, chusma, barriobajera, y un sinfín de improperios.
Debido a la escasa educación que había recibido Rubí, hay que reconocer que no era una señorita, precisamente.
El matrimonio Rubí-Victor A. se va a pique por culpa de Gladys, y Rubí se casa con Alejandro Iturralde, un señor algo mayor que también está forrado de millones. Este señor se ocupa de ponerle las pilas a nuestra heroína y la convierte en una señora con clase.
Las sorpresas continúan, entra en escena el padre de Rubí que también es una persona acaudalada.
Mientras tanto Lucrecia, su fiel criada Dorila y Gladys, conspiraban todo lo que podían para quitarle a Rubí la herencia que ellas creían suya por derecho.
Gladys se enrolla con un mafioso, el Dandy que quería asesinar al padre de Rubí por un ajuste de cuentas.
El Dandy no sólo consiguió dejar huérfana definitivamente a Rubí, sino que también dejó embarazada a Gladys, la cual abortó y casi muere desangrada en una de las escenas dramáticas peor interpretadas de la historia de la televisión.
Había otras historias paralelas a la de Rubí...
Virginia, la ciega e incomprendida hija de Lucrecia (Que en realidad era...¡Hermana de Rubí!!!), se enamoró de Tilico, un chico sencillo del barrio que también se había criado con la vieja Palmira.
Tilico era incluso más barriobajer que Rubí, y tenía miedo de que Virginia recuperase la vista por si le rechazaba al descubrir lo feo que era.
Virginia se operó la vista, no se asustó de la horrible cara de Tilico e incluso se casó con él, aunque le costó cambiar de vida, pues tuvo que mudarse del lujoso adosado de los Miranda e instalarse en una chabola.
Tilico era muy celoso y posesivo, y cuando ofrecieron a Virginia un trabajo como modelo, le prohibió que aceptara, pues prefería que su esposa fregase escaleras ... con tal de que su mujercita no fuera babeada por los venezolanos...
Meche, la medio hermana de Rubí, se metió en líos con Nelson Miranda, el mafioso de la familia, y tuvo que ceder a múltiples chantajes.
Ya he perdido el hilo de la historia principal...
La cabra siempre tira al monte, y Rubí se volvió a ver a escondidas con Victor Alfonso, cuando ella aún estaba casada con el viejo Alejandro Iturralde.
En uno de esos encuentros furtivos Rubí quedó embarazada de Victor A., y claro, ese embarazo debía seguir adelante. Ya hemos aprendido de la experiencia de Gladys que el aborto es un pecado muy gordo.
El Alejandro, que ya rayaba el techo con los cuernos, era tan bueno que sólo se le ocurrió enfermar y morir, dejando el camino libre a Rubí. Recuerden que el divorcio también es un pecado muy feo.
Rubí dio a luz tres preciosas trillizas, sí, han leído bien, TRES niñas. Parecía que la felicidad llegaba por fin.
Negros nubarrones se cernían sobre nuestra heroína, que fue víctima de un montaje de la banda criminal de El Dandy. La desgraciada joven acabó con sus huesos y su cardado en prisión, acusada de un crimen que por supuesto no había cometido.
Rubí pasó diez años a la sombra, y se portó como una presa ejemplar. Tenía la ilusión de reencontrarse con sus trillizas (o tripochas)
Pero cuando salió de la carcel, en 1999, todo había cambiado a su alrededor...
Teniendo en cuenta que esta telenovela se rodó en 1989, era todo un atrevimiento ambientarla en el futuro. Se podría haber esperado una ambientación post-apocalíptica tipo "Mad Max", pero no fue así...
Victor A. Se había casado con Gladys, y ambos se habían hecho cargo de las tripochitas. Todos juntos vivían con Lucrecia en la mansión de Los Miranda.
Hicieron creer a las niñas, en un alarde de perversión máxima, que Gladys era su mamá.
Cuando recibían por correo las muñecas que Rubí hacía amorosamente en la petejota (cárcel en venezolano), Gladys las tiraba.
La Rubí se presenta y se encuentra con el panorama, y a ver qué es lo que va a hacer...
Víctor A. Le prohíbe contar la verdad a las trillizas, no vaya a ser que les de un shock nervioso.
Pero Rubí no estaba dispuesta a separarse por más tiempo de sus hijas, y se ofrece a trabajar como cachifa (criada) en casa de los Miranda, todo por no perder de vista a sus niñitas.
Rubí y las tripochas al principio se llevaban muy bien. Las tripochas eran las criaturas más babosas y estomagantes que se ha visto jamás.
Todo el rato decían cosas como: "Qué guapa y qué buena es la señora Rubí, pero mamá Gladys es mñas bella y más buena..."
A la abuela Lucrecia no le hacía ninguna gracia tener en su casa toda esa chusma (Rubí y sus hijas), pero el placer que sentía humillando constantemente a la sufrida madre lo compensaba con creces.
El amor entre Rubí y Victor Alfonso seguía siendo muy fuerte 10 años después, algo que nunca entenderemos, teniendo en cuenta lo estúpido que era este señor, un tipo machista hasta la exasperación, autoritario y manipulador que siempre estaba de mala hostia.
¿Qué podía ver Rubí en él? Sin duda, pese a lo basta y machunga que era, necesitaba sentirse mujer del todo, y para eso qué mejor que semejante ejemplar...
No tardaron en enrollarse de nuevo ante la desesperación de Gladys, cuyo pasatiempo favorito era inculcarles a "sus hijas" un odio profundo por Rubí, contandoles todos los trapos sucios, estancia en la cárcel incluida.
Un día, las niñas corrieron desesperadas a contar a su padre la terrible escena que habían presenciado: "Papá, papá, no queremos a Rubí, Rubí es mala, estaba dándole besos a una foto tuya.."
Lucrecia asistía atónita a todos estos acontecimientos mientras se metía en asuntos sucios con el mafioso de su hijo Nelson, el cual segía acosando a la pobre Meche, que se había casado con Fabián, el hijo de Alejandro Iturralde. ¿Me siguen?
Ya les hemos advertido. Esta telenovela resultó algo más cutre de lo habitual porque se rodó mas deprisa de lo acostumbrado, incluso para tratarse de un culebrón.
Los actores eran más malos que la media general, pero algunos sobresalían , como la propia Rubí o la malvada Lucrecia.
Por mucho que me haya esforzado creo que no he sido capaz de reflejar el delirante argumento de esta telenovela.
Bueno, que se me olvidaba contar el final, aunque se lo pueden imaginar...
Lucrecia sufre un accidente que la deja en estado vegetativo, menos mal que Rubí se apiadará de ella y la cuidará.
La malvada madre de Víctor A., aún consciente en su interior, alucina: "con todo lo mala que he sido con esta mujer y me está cuidando"...
Victor A. Resiste el acoso de una atractiva ejecutiva de su empresa, él sólo piensa en Rubí, la cual por su parte también tiene otro pretendiente.
Pero ambos están predestinados y en cuanto Gladys concede el divorcio a Victor Alfonso, los atribulados padres de las trillizas contraen matrimonio.
Las tripochas perdonana y aceptan a su verdadera madre, Galdys se arrepiente de sus pecados, y Lucrecia, ya recuperada de su enfermedad, pide perdón a todos y se larga de misionera para expiar su culpa.
En las telenovelas todo acaba muy bien.
Gracias a Moisés por ayudarnos con las fotos!
Más cosas de las que nadie se acuerda |