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Jota Ele en el concierto
de las Spice Girls

Por Jota Ele

 


El título que le he puesto a estas líneas, suena como aquellos libros que leíamos de pequeños: “Teo en el barco”, “Teo en la granja”, “JL en el concierto de las Spice”. Como si un extraterrestre cayera de repente en este evento navideño. Pues sí, aunque no os lo creáis fui al concierto de las Spice. Podría enumerar algunas causas que explican mi asistencia: las Spice marcaron con sus tres discos un momento del pop mundial y, como aprendí cuando estudié Antropología en la facultad, el pop forma parte de la cultura contemporánea. El concierto, por tanto, era un hecho histórico, porque quienes marcaron una etapa volvían años después. Podría decir también que nunca está de más ver una puesta en escena impresionante. O que en los conciertos se vive una especie de euforia colectiva que sienta muy bien y que hace que uno se vaya a casa satisfecho y feliz porque la euforia al final forma también parte del espectáculo. Podría decir todo esto y más como para intentar justificarme, pero no lo voy a hacer. Primero porque no tengo por qué justificarme. Yo soy contradictorio y puedo tranquilamente dejar de ir a una fiesta zapas para ir al concierto de las Spice (que, curiosamente, coincidían en fecha y hora). Es más, me encontré a más de un conocido de lugares con poca luz (los maricas, por muy de duros que vayan, no dejan de ser maricas).

Pero la verdad es que fui por amor. Porque cuando uno está enamorado va donde sabe que le va a hacer ilusión ir a la persona que te gusta. Y cuando tomé la decisión de ir, todavía creía que había una posibilidad, por mínima que fuera, de salvar nuestra relación. Vamos, no de salvarla, de comenzarla, de tenerla. Los enamorados sufrimos alucinaciones, por eso el amor engancha. Llegada la fecha del evento, esa posibilidad se había esfumado entre las manos, pero juntos en el concierto nos lo pasamos muy bien, demasiado bien. Y eso hay que achacárselo a las Spice, sin duda.


           

Ciertamente las chicas estas son un producto del mercado. Y el espectáculo era del todo mercantil, pero, ay, a veces el mercado hace las cosas tan bien... Durante una hora y cuarenta minutos (que es una duración muy aceptable) estuve escuchando canciones de años atrás, cuando salía con otro espíritu distinto del que salgo ahora y el estar acompañado de alguien una década más joven que yo, me hizo por un momento olvidar que todo este tiempo había pasado. Incluso ellas, no sé si gracias a la cirugía, a la luz, al gimnasio o al maquillaje, en momentos parecían también siete años más jóvenes.
           

Victoria Beckham fue sin duda la más aplaudida, algo que no logro entender, pues realmente fue la que menos trabajó de las cinco. Se limitaba a pasear por el escenario con la cara estirada como si aquello fuera un desfile de modelos. Además los aplausos parecían corroborar aquellas polémicas declaraciones suyas en las que explicaba que Madrid huele a ajo (cosa, por cierto, en la que lleva toda la razón: Madrid huele a ajo como Ámsterdam a marihuana). Claro que una mujer que todas las noches se acuesta con Beckham, sólo por eso, merece todos nuestros aplausos. Y nuestra envidia. Mel C me gustó más porque los bailarines en su número hicieron un pase de modelos de chandals adidas que me encantaría tener. Mel B y Emma también estuvieron muy frescas, muy dinámicas, pero a mí la que más simpática me resultó fue Geri que además cantó un clásico que a las maricas nos enloqueció, ese himno que es It´s Raining Men y que terminó con el cuerpo de baile sin camiseta. Porque hay que decir que en donde descansaba gran parte del espectáculo era en un grupo de bailarines profesionales que se movían de maravilla y que tenían unos cuerpazos que hacían que el público asistente (que era un 10% chicas, un 90% maricas) no supiera si mirar a las Spice o a los bailarines. Yo creo que miré sobre todo a estos últimos. Cuando al final del tema que cantó Geri se quitaron las camisetas yo sentí que me daba un vahído.
           

En fin, en contra de todo pronóstico, a mí me encantó el concierto. Porque sentí que aquello era espectáculo concebido para serlo. Los espectáculos hay que evaluarlos en su conjunto. Y quizá las cinco chicas aportan su imagen y poco más, pero son capaces de convertirse en lo vertebral de un espectáculo con mayúsculas. Y en este mundo en el que vivimos, en esta ciudad donde la rutina de los mismos sonidos, las mismas puestas en escena, lo mismo, lo mismo, siempre igual, nos aburre, de vez en cuando un espectáculo concebido como derroche hace falta. La música, ya sabemos lo que era. Nada elevado, sin duda, pero que forma parte de nuestra historia. Qué queréis que os diga, me voy a acabar aficionando a estos saraos. Me lo paso mejor que en la rutina de las fiestas zapas, aunque no hubiera, como de hecho no hubo, ninguna posibilidad de amor.

 

 

23 de diciembre 2007

 

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