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Paula Abdul: La enana que enseñó
a bailar a los Jacksons
Por Gabbo Fritzpatrick

 

Paula Abdul es una de las popstars más horteras e interesantes que ha dado la música, un verdadero ejemplo andante del sueño americano. Paula era bajita, regordeta, medio mora y tenía la voz de una perra sarnosa y oligofrénica intentando imitar a Kate Bush. Es por ello que su mera existencia en el pop supone un canto a la justicia, a la bondad y a las oportunidades de ese país llamado América, donde sólo necesitas un sueño. Y Paula tenía dos.

Paula era coreógrafa de las chicas de Los Angeles Lakers con veintipocos años. Los innovadores y dinámicos bailes que preparaba para las chicas de los pompones –sea lo que sea un baile innovador y dinámico- llamaron la atención de los mandamases de las discográficas, que querían que aquella niña mora con pinta de no cobrar un duro pusiese en forma a sus artistas, empezando por los Jackson y Mick Jagger para su vídeo “Torture”. Tras alegrarse ante los resultados, pidieron a Paula que se encargase de amaestrar a la pequeñita de los Jackson, que por aquel momento había sacado dos discos de mierda, era una mezcla entre un conguito y un homínido y una absoluta desconocida: su nombre era Janet. Aquí la carrera de Paula da su primer gran giro. Janet da el golpe en las listas musicales y vende discos como churros, en gran parte debido a unos espectaculares vídeos y a la pericia de Paula Abdul a la hora de diseñar coreografías tan molonas como las de “What have you done for me lately”, “Principles of pleasure” o “Nasty” en las que, ojo, dando ya nota de sus ansias de protagonismo, siempre se reservaba un papel destacado para ella. El primer sueño de Paula se había cumplido.

Pero pronto las cosas iban a torcerse.

Paula gozaba de popularidad en el mundillo. Era la coreógrafa más famosa y requerida de América (todo lo famosa que puede ser una coreógrafa, vamos). Incluso Bob Fosse, director de musicales tan míticos como “Cabaret”, le confesó su admiración. Pero ella quería más.

Un día, mientras preparaba un baile con Janet, Paula se puso a cantar y le dijo Janet: “¡Qué bien cantas!”, seguramente mientras sufría una dentera de aquí a mañana y pensaba “que se calle la puta mora”. Este intrascendente momento iba a encender un chip en la mente de Paula y a cambiar nuestras vidas para siempre: iba a conseguir el éxito como cantante y a eclipsar a Janet. Ésta nunca se lo perdonó.

Con unos cuantos ahorros que seguramente guardaba en las últimas páginas de su Corán, Paula se grabó una maqueta que entregó a los dueños de Virgin. Eran los ochenta y cualquiera podía cantar, así que le publicaron un single llamado “Knocked out”. Paula se debió de quedar igual que el título de la canción cuando vio que no pasaba del número #41 en el Billboard, y aún peor cuando su siguiente intento, “The way that you love me”, se hundía en el #88. Su disco, titulado “Forever your girl”, no interesó a nadie y también resultó ser un fracaso.

Y hete aquí que, en una pequeña estación de radio de algún pueblo de Kentucky, a un dj se le ocurre poner “Straight up” en su emisora, el corte número siete del disco de Paula y una auténtica bomba de tres minutos y medio que a los subnormales que manejaban Virgin nunca se les había ocurrido lanzar como single para promocionar el disco. Las llamadas recibidas para preguntar quién cantaba la pieza y pedir que la pusieran de nuevo llegaron hasta la discográfica y dieron la gloriosa idea de publicarlo como un último intento de dar algo de vida a “Forever your girl”. Como no estaba el horno para bollos, se exigió un vídeo promocional baratito y se contrató a un pamplinas llamado David Fincher.

Una semanas después, la canción llegó al número uno y el vídeo, una genial creación en blanco y negro con la simple figura de Paula Abdul dando saltos y bailando claqué frente a un fondo blanco, se convertía en un hito. Es ahora un habitual en las listas de los mejores videoclips de la historia.

De repente Paula era más famosa que nadie en América. El disco escaló en un par de semanas desde puestos avergonzantes de tres cifras hasta el número uno de la lista de ventas. Los dos siguientes singles también fueron directitos al número uno, quedando para la posteridad “Cold hearted snake”, en la que Paula Abdul canta sobre un ex y se atreve a rapear con mucho tino. El videoclip, también dirigido por David Fincher, escandalizó en la época por mostrar imágenes de una bacanal de bailarines que copulaban mientras hacían posturitas colgados de unos andamios.

Paula tenía de repente tanto poder que dijo que por su mismísimo coño se iban a publicar otra vez los dos singles que habían fracasado en su primer intento. No era Paula Abdul amiga de quedarse con espinitas clavadas y en ese momento, si hubiera publicado como single un eructo, como después se atrevió a hacer Bjork, hubiera llegado al número uno. Los dos se convirtieron en top 5, y aún tuvo tiempo Paula de apuntarse otro número uno (y ya iban cuatro de un solo disco) con “Opposittes atract”, en cuyo revolucionario vídeo bailaba con un gato animado. El gato en cuestión llevaba la voz de un rapero molestísimo que gracias a Dios Paula Abdul se encargó de ignorar en su siguiente disco y que sólo decía mamarrachadas. Eso sí, cuando tocaba hacer gira, sacaba al escenario un ridículo hombre disfrazado de enorme gato de peluche que cantaba en riguroso playback las líneas del rapero. Paula tenía el arte en las venas.

Paula vendió diez millones de copias de “Forever your girl”, apareció en todos los programas del mundo y fue la chica elegida para anunciar Reebok y Pepsi. En una actuación en los premios MTV Video Music Awars, noche en la que arrasó con las nominaciones, apareció bailando claqué, después se colgó de una cuerda y voló dando vueltas sobre el escenario, después se restregó pornográficamente con un bailarín simulando un coito y justo a continuación, de una caja gigante, salieron un montón de niños que acudieron a abrazar a su ídolo. Paula era una mujer, sobre todo, muy ecléctica y traviesa.

Paula publicó un disco de remixes de “Forever your girl” llamado “Shut up and dance!” con colaboraciones de gente tan molona como Shep Pettibone para dar algo a sus fans mientras preparaba nuevas canciones. Consiguió vender un millón de copias, que es un hito para ser un disco de remixes, y que anteriormente sólo había conseguido Madonna con “You can dance”.

El siguiente disco de Paula era más esperado que la vacuna contra el SIDA. Llegó en 1991 y se llamó “Spellbound”. Siendo Paula una bailarina metida a cantante que sabía hacer de todo excepto cantar, tomó la decisión más arriesgada del mundo: lanzar como primer single una balada. El envoltorio era de lujo, eso sí: el videoclip era una especie de remake de “Rebelde sin causa” dirigido por George Lucas y con Keanu Reeves haciendo de James Dean. La cosa dio resultado y la canción, “Rush, rush”, se convirtió en el single más exitoso de Paula hasta el momento, permaneciendo cinco semanas en el número uno. El siguiente single, “The promise of a new day”, tal vez su mejor creación y una de las canciones más guays de los noventa, también alcanzó el número uno…

¡…pero sería el último!

Los siguientes singles de “Spellbound”, pese a ser tan marchosos como “Vibeology”, o baladas tan clásicas y comerciales como “Blowin’ kisses in the wind”, no alcanzaron el top5, como sí había ocurrido con todos y cada uno de los singles lanzados por Paula hasta ese momento. Y además, su imagen pública empezó a decaer debido a varias cosas.

La primera fue el videoclip de “The promise of a new day”, su mencionado y último número uno. En el videoclip Paula bailaba en Hawai junto a unos bailarines que parecen nacer de la tierra, emergiendo entre bambúes. Contaba con efectos digitales y una imagen de colores saturados que lo hacían sumamente moderno y atractivo para la época. Pero cuando Paula vio el resultado final, se indignó: SALÍA GORDA COMO UNA VACA.

En un método revolucionario por aquel entonces y que Paula se encargó de estrenar, se decidió que la imagen del vídeo se estiraría verticalmente para estilizar la figura de Paula. Ojo, verticalmente cuando está de pie, que cuando sale acostada en la hierba la imagen se hubo de estirar horizontalmente, pues de otro modo el resultado sería monstruoso. La gente se dio cuenta y se rió en sus casas mientras veía el vídeo. Paula, furibunda porque le hubiesen descubierto el truco del almendruco, negó categóricamente que el vídeo estuviese retocado y afirmó que ella era así naturalmente, con el cuerpo en forma de fideo. ¿Qué es lo mejor de todo? Que a día de hoy, cuando este tipo de trucajes son práctica habitual en todos los videoclips, Paula lo sigue negando con un par de ovarios.

La segunda puñalada que recibió Paula en el 91 fue la denuncia de una cantante de segunda que afirmaba que era ella quien cantaba en algunos temas de su primer disco. Paula, con una hilera de abogados que lo mismo te juzgan que te rompen las piernas, ganó el juicio. ¿Y es que a quién se le ocurre denunciar a una mujer que canta tan mal por apropiarse de su voz? ¿Y a quién coño le importa quien cante en las canciones de Paula, si la voz en sí misma es un 5% del valor de esos temazos?

Pero la tercera fue la peor. Para promocionar su single “Vibeology”, Paula apareció en la gala MTV Video Music Awards, que el año anterior había protagonizado con la mejor actuación de la noche. Paula, tal vez escaldada por esa denuncia y los rumores de que no era ella la que cantaba en sus discos (¡hay que ser cenutrio!), se empeñó en cantar en directo al mismo tiempo que hacía una complicada coreografía. “Vibeology” se trataba además de una canción de estudio de grabación que en directo era casi imposible de cantar, pues casi todo consistía en gemidos, susurros y algún amago de rap. Pero Paula, que hasta ese momento ya había demostrado que cuando algo le sale de la brinca del coño no hay quien la pare, cantó en directo.

El resultado fue desastroso.

Y aún peor que sus inaudibles gemidos, contaminados por suspiros de puro agotamiento, fue el momento en que se quitó el traje chaqueta que lucía al principio de la canción para mostrar un top de lentejuelas que dejaba a la vista unas carnes flácidas y una figura de cuerpo pera de la que en America se sigue haciendo burla hoy en día. Y eso es tal vez lo peor que le pudo pasar a Paula: la gente se olvidó de sus canciones, pero nunca pudo olvidar ese estilismo.

La actuación se puede ver aquí, pero avisamos que da mucha pena:

 

Pese a todo, “Spellbound” vendió una respetable cantidad de tres millones de copias en USA y el nombre de Paula Abdul seguía atrayendo al público. Así que en su discográfica se confiaron cuando en 1995 Paula publicó su tercer disco, “Head over heels”, y dijeron: “Paula es tan famosa que no hará falta ni promocionarla”.

Pues se equivocaron: el “Head over heels” no se lo compró nadie. Y eso que material tenía para ser un éxito: adaptándose a los tiempos, Paula se acercaba más al r&b, de la mano de gente de moda como Dallas Austin, y tenía las misma combinación de canciones bailables para las maricas y baladas para las señoronas que sus discos anteriores.

Hay que decir de todos modos, y dejando la nula promoción a un lado, que 1995 fue un annus horribilis para las estrellas del pop. Alanis y compañía habían tomado el mercado y de repente no había sitio para las divas pop de toda la vida que no tenían ni puta idea de tocar una harmónica o una guitarra. No sólo Paula tuvo un año malo: también Kim Wilde, Belinda Carlisle, Kylie Minogue… ni Madonna era ya la que había sido.

Tres singles se extranjeron del disco, los dos últimos con nula promoción y sin entrar siquiera en la lista Hot 100 del Billboard, que sólo cuatro años antes Paula solía presidir. Ni siquiera el hecho de que el vídeo de “My love is for real”, el primer single, se proyectase en los cines antes del comienzo de “Clueless (Fuera de onda)” ayudó a las ventas del disco, que se quedaron en unas paupérrimas 300.000, diez veces menos que “Spellbound”.

Paula decidió probar suerte en el terreno de la actuación. Maldito el día en que se le ocurrió. Su punto más glorioso en este campo fue el telefilme “Touched by evil”, en el que una mujer que era violada noche tras noche descubría que el violador era… ¡su propio marido! Al final, visitaba a su marido en la cárcel y le gritaba “¡¡Me violaste, una y otra vez!!”, y él le decía muy chulito: “Pues ahora viólame tú a mí”. Y ella se levantaba, ponía ojos de mala y le soltaba: “De eso se encargarán los chicos en las duchas… ¡jo, jo, jo!”. Y fin. Más suerte tuvo en la serie “Cybill”, donde se interpretaba a sí misma y se reía sanamente de su propio personaje mediático.

En 1999, Paula estaba lista para volver a la música. Un desengaño amoroso con su último marido, el dueño de una gran empresa de ropa americana, le había motivado para escribir “Spinning around”, una venganza pop contra aquel hombre con pullas bastante directas a su profesión, como “He tirado mi ropa antigua, necesito un nuevo armario”. La canción tenía gancho y Paula confiaba en que la devolviese a la palestra. Pero mil problemas con su discográfica hicieron que el single nunca llegase a editarse y llegó a manos de Kylie Minogue, que estaba drogándose en Ibiza, lo escuchó y lo encontró gracioso.

Gracias a ese single, Kylie volvió al estrellato, consiguiendo su primer número uno en diez años. Por lo tanto, y para que lo sepamos todos: SI KYLIE (Y DANNII POR EXTENSIÓN) SON FAMOSAS DE NUEVO ES GRACIAS A PAULA ABDUL.

Fue en 2002 cuando llegó la resurrección que Paula había estado esperando, pero no se debió a ningún disco ni a otro telefilme. La cadena Fox le ofreció ser uno de los miembros del jurado de “American Idol”. El programa fue un exitazo (que va por su sexta temporada) y dio a conocer a Paula a una nueva generación de americanos, que no tienen ni idea de que hubo un día en que Paula fue más famosa que los Beatles, pero que le han cogido cariño por ser la chica cariñosa y buena con los concursantes, frente a la mala baba de Simon Cowell. Vamos, que Paula es como la Greta de allí.

Actualmente Paula está de moda por ser acusada desde todos los medios de borracha y puta. Lo de borracha puede ser cierto, pues en la mitad de los programas que aparece tiene pinta de haberse bebido el agua de los jarrones, pero ella lo achaca al agotamiento y a la ingestión de unos medicamentos contra un dolor crónico que padece desde su juventud.

Su momento más bajo, apareciendo absolutamente como una cuba en “Good Day L.A.”, se puede ver aquí:

 

Lo de puta se debe a las declaraciones por parte de un concursante de la cuarta edición de “American Idol” que afirmaba que Paula Abdul se acostaba con él y le prometía ayuda para ganar el programa. Paula siempre lo ha negado y el programa la respaldó, pero toda persona de bien prefiere creerse esta historia porque eso sólo engrandece a una artista.

Paula, como mujer hecha a sí misma que está acostumbrada a que le llamen de todo menos bonita, puede sonreír satisfecha, pues una vez más, vuelve a ser más famosa en Estados Unidos que aquella cantante olvidada llamada Janet Jackson. Y sus representantes no dejan de decir que está preparando un disco, pero todo el que conozca un poco a Paula sabe que lo que a ella le gusta es ser famosa y salir en la tele: publicar un disco le importa un carajo.


13 Julio 2007

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