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La historia de Parchís
Por Ramón LSD

 

Todo comenzó en 1979, cuando el sello Belter realizó un casting para escoger 4 niños y formar un grupo musical. Y aunque la idea inicial de la discográfica era grabar un disco, sacar a los críos en 4 ó 5 programas de TV y después, zanjar el asunto, los resultados desbordaron las previsiones más optimistas y tuvimos Parchís para varios años.

A pesar de que fueron miles de niños los que se presentaron a la prueba, el enchufe hizo que las dos niñas fueran elegidas a dedo: Yolanda Ventura Román (1968), hija del famoso trompetista Rudy Ventura y Gemma Pratts Tremens (1969), quien fue introducida por su hermano cantante. Yolanda (ficha amarilla) demostró con creces que la vena artística corría por sus venas, pero Gemma (ficha verde) no dejó de ser más que un rostro empalagoso y remilgado. Constantino Fernández Fernández (1967) -Tino, ficha roja- era el mayor del grupo y se ganó religiosamente su puesto. El sitio vacante lo ocupó un niño llamado Oscar Ferrer Cañadas (1971) que era modelo publicitario.

Una vez hecha la selección, se encuentra el acertadísimo nombre comercial de PARCHIS, de manera que cada niño sea una ficha de color, las cuales se reparten impositivamente (Tino años después declaró que él quería ser ficha azul). Pero hete aquí que a última hora se presenta un niño que bailaba a las mil maravillas y de nombre David Muñoz Forcada (1970). Quitar a uno de los elegidos era demasiado delicado, por lo que decidieron que el David fuese el dado y le endosaron el color blanco.

Sin embargo, al poco de comenzar el proyecto (incluso acabada la primera película del quinteto), la madre de Oscar Ferrer (ficha azul) decidió que ésa no era vida para su niño y lo sacó del grupo, ocasionando la incorporación de Francisco Díaz Terez, conocido por todos como Frank (1971) y que también había hecho sus pinitos como modelo publicitario.

Roles


Tino siempre fue el cabecilla de la pandilla. Era el mayor, el que mejor cantaba y, obviamente, quien realizaba casi todos los solos en las canciones. Los de la discográfica lo tuvieron claro desde el principio y en las sesiones de fotos cuidaban que siempre estuviera bien visible y en el centro. Aparte de ello,el niño era guapín y había que aprovechar ese tirón.

Yolanda era una auténtica monada y, actualmente, una verdadera tía buena. Tenía gracia, desparpajo y su voz también era potable. Así que, de vez en cuando, se marcó alguna canción como solista principal como en “Me gustas mucho” o “Nana blanca, nana negra”. Las malas lenguas decían que ella y Tino eran novios.

David era un crío inquieto y despertaba interés por sus buenas dotes bailarinas, las cuales exhibía siempre que tenía ocasión. Especial éxito tuvieron sus saltitos durante “En la armada” (versión de “In the navy”) entre el corrillo que le formaban el resto.

Gema era la sosaza del grupo. Estaba para rellenar cuando, realmente, sobraba.

Frank era el payasete de los cinco. Al menos, ese rol tuvo que desempeñar, pues cantaba como el culo de mal y en las películas le hacían decir las chorradas que presumiblemente tenían más gracia. Lo curioso es que este crío debía ser bastante enfermizo y necesitaba ser suplido en algunas giras. Fue en un pueblo de Zaragoza donde comenzaron sus problemas y allí mismo se encontró al trasto de niño que podría sustituirle con éxito. Se apellidaba Bunbury. ¿A que os suena? Así es, nuestro amigo Enrique comenzó su carrera musical como suplente. Ni Zumo de Vidrio, ni hostias: PARCHIS. Y este tema parece que le cabrea mucho cada vez que se lo recuerdan.

Discos

Los niños que empezamos a consumir música a base de discos de Parchís, aprendimos una gran lección a la hora de diferenciar discos originales de piratas, discos doblemente originales pero con distinta cubierta, discos con la misma cubierta pero distinto contenido... en fin, la de dios. Nuestros padres ya nos compraban pocas casettes como para encima elegir mal y que nos trajeran a casa una que ya teníamos.

Así que, sinceramente, resulta prácticamente imposible enumerar con exactitud los discos de Parchís, pues unos son refritos de anteriores que incluyen alguna canción nueva y, además, el que recurriesen a cubiertas similares no facilita la cosas. Incluso en Sudamérica sacaron una discografía con algunos cambios respecto a la cañí. De cualquier manera, lo intentaré.

“Las Super 25 canciones de los peques” (2LP, 1979)

Auténtico pupurri de temas tradicionales, versiones y temas “propios” (creo que sobra decir que los niños jamás compusieron nada). Entre “sus” canciones estaba la que les lanzó a la fama; el tema de Parchís y que como recordareis, decía “Hola, soy la ficha roja... Y yo soy la ficha azul... Hola, yo soy el dado.... Ahora dime qué eres tú... Yo soy la ficha verde, la amarilla queda atrás... Y todos, todos bailamos, a tu ritmo y compás”. Radical. El disco, sin embargo, contenía una de mis canciones favoritas de la cuadrilla: “Ganador”, que iba sobre la fórmula 1.

“Hola Amigos” (1980)

Una de los temas más famosos de la pandilla daba título al disco. “Estabais aburridos... sin nada que hacer... mirando a las paredes, y al suelo, también... De pronto alguien dijo, poneos de pie... Ya vienen, ya vienen, ya vienen los tres”. La canción hablaba de un juego “muy divertido” y no acerté a entender de qué hostias se trataba hasta que lo vi en una tienda de juguetes. Por supuesto, me lo compraron (la foto de Parchís anunciando algo suponía compra segura para niños como yo, o mis padres se exponían a un berrinche de varias semanas). Pues bien, el juego era más o menos un sucedáneo de las paletas playeras. Sólo que algo más demencial. La pelota venía a ser un saquito pequeño con los colores del grupeto relleno de arena. Toda la integridad del juego se basaba en la perfecta conservación de una lona de plástico estirada sobre un plato-tambor sobre la que rebotaba el susodicho saquito. Mis primos se compraron otro para ellos y estuvimos jugando hasta que se nos jodió. Es decir, a las 2 horas. Por cierto, el juego venía acompañado de un disco sencillo con el tema “Hola, amigos” que cuelga hoy de la pared de mi salón.
Siguiendo con el repertorio del disco, Juan Pardo metía sus narices con mucho acierto componiendo “El twist del colegio” (todo un temazo pese a quien le pese). Obviamente también recurrieron a las versiones (“Don diablo”) y alguna que otra canción olvidable (“La caza del ratón”).

“La guerra de los niños” (1980)

Me ocuparé después de la peli que daba título al disco. Y es que, el álbum es una BSO en toda regla, pues de los 10 temas que componían el álbum, Parchís sólo cantaban en 4. El resto son canciones de orquesta que adornaban momentos de la película. Volvían a meter “El twist del colegio”, junto con “Querido Profesor”, “Fin de Curso” y “Ayúdale”.

“La Segunda Guerra de los niños” (1981).
Juan Pardo volvía a escribirles el hit del disco: “Corazón de Plomo” aprovechando la segunda película de la pandilla. Sin embargo, el disco tenía también una buena guarnición de temas con gancho: “Querido Walt Disney”, “La magia del circo”, “La chica ideal”, “Otro curso”... que dieron buen juego comercial.

“Cumpleaños Feliz” (1981)

Cuando eres niño, el día de tu cumpleaños es un acontecimiento muy especial. Si encima te felicitan Parchís, pues ya ni te cuento. Muy buena jugada comercial de los simpáticos explotadores infantiles de Belter. El disco traía como regalo un pastel montable de cartón con 5 fotos (una de cada niño) y una cartulina con sus autógrafos serigrafiados. Esa dichosa tarjeta resultó ser un codicioso tesoro para los fans que nunca llegué a conseguir. Sobre todo porque no tenía tocadiscos y no había versión en cassette. El disco se adornaba con temas ya publicados y el tema “cumpleaños feliz” debe aún seguir rentando para la SGAE, pues lo usan todos los bares de España para felicitar a clientes y conocidos.

“Grandes Éxitos” (1981)

Discos Belter sacó una colección de cassettes de los distintos grupos infantiles que tenía en cartera mediante la colección OYE MIRA. El primero estaba dedicado a sus estrellas -¡No faltaba más!-y recogía 10 temas donde abusaban de versiones.

“Ven a mi fiesta” (1982)

El tema principal se titulaba como el LP y el disco venía a acompañar la peli “La gran aventura de Parchís” Repetían temas, pero también incluían alguna interesante sorpresa en forma de versión rockera, como “Me vas a volver loco” y “Meteorito Rock´n´roll”.

“Las Locuras de Parchís” (1983)

Si una banda de rock suele compaginar el disco-gira, disco-gira... Parchís compaginaba película-disco, película-disco. Quizás estemos ante la mejor cubierta de toda su discografía y, por si fuera poco, nada menos que 14 temas. Entre ellos, de todo un poco. Temas de calidad como “Arriba, abajo”, “No sé por qué” o “Bien, bien, bravo” convivían con más versiones, como “Hasta luego cocodrilo” o el “Auxilio, Socorro” (compuesta por ¡¡Rita Irasema Aragón!!). El grupo ya había tocado techo y sería su último álbum destacable.

“Superdiscolandia” (2LP, 1983)

Parchís aprovechaba lo que sería su última película (“Entra en acción”) para intentar enchufarnos 4 míseros temas en un doble álbum que compartía con estrellas mundiales de la talla de Petete y los Pitufos. Al menos, los 4 temas eran propios: “A vencer”, “Entra en acción”, “Hacer deporte” y la que abría la película antes citada, cuyo título... pues desconozco (¿os creeréis que casi todo este artículo está siendo escrito de memoria?).

Películas

Todas fueron rodadas entre 1980 y 1983. Deprisa, corriendo y a cada cual peor, los ejecutivos pensaron que lo que importaba era explotar el Boom sin preocuparse de “nimios” detalles como los guiones o sus dotes interpretativas. Y si lo que querían era forrarse en poco tiempo, no les faltó razón.

“La Guerra de los niños” (1980).

Dirigida por Javier Aguirre y estrenada el 17 de Diciembre de 1980 en 32 capitales españolas, fue un auténtico bombazo. En sólo 6 meses recauda 200 millones de pesetas y 350 en Argentina. En México rompe el récord de taquilla en lo que a cine infantil se refiere.

Argumento: Pese a que entre el mayor y el pequeño de los niños de Parchís hay 4 años de diferencia, todos están en la MISMA clase de E.G.B. aunque, claro, no iba a clase con ropas de colorines. Tienen a un anciano profesor llamado Don Matías (encarnado por Manuel Aleixandre) que, como dice la canción, “es un gran profesor... no entiende de finanzas... más tiene buen corazón”. Precisamente el no tener ni puta idea de economía hace que su colegio peligre a manos de un especulador de suelos llamado D. Atilio.

Por si fuera poco, el viejo está ya achacoso y al final de la peli le da un infarto. Gracias a Dios, los niños conocen cómo curar una dolencia cardiaca: cantando una canción. Así pues, acuden todos a la capilla del hospital y entonan “Ayudale”, que con fragmentos que como “prometemos todos mejorar... si al profe vas a curar... (...) Viviremos siempre para amar... Y a los mayores respetar... “, colocan a D.Mati como un beato y a ellos como unos terroristas en régimen de redención. Pero en fin... cuando éramos pequeños todo nos resultaba muy bonito y tal. Don Mati se sobrepone y todos se ponen muy contentos.

Supongo que a nadie se le escapa que los niños como actores no valían una mierda. Sólo Carlitos “El Flaco” (el crío gordo, no integrante de la banda pero compañero de sus perrerías) daba la talla. Antes de que el abuelete sufriera el achaque, los niños se disputan el liderazgo de la pandilla dado que, por lo visto, no les valía la democracia; tenía que haber un jefe. Para ello deciden que tal relevante cargo lo ejercerá quien haga la trastada que ocupe mayor espacio en un periódico. Así pues, se ponen manos a la obra; Yolanda libera unos perros de una perrera, Tino roba una grúa municipal, David hace lo propio con una serpiente del zoo, El Flaco entra en una pastelería por la noche y se come prácticamente todo (el mejor momento de la película, sin duda).

Cuando parece que va a ganar Tino, llega el perro mascota con el periódico en la boca y demuestra que ha ganado él al ser mordido por un obrero. El perro, por cierto, se llama Supermán (!!) y cada ladrido es traducido sibilinamente por Yolanda, quien debió realizar el curso Español – Perro del CCC.

“Parchís contra el inventor Invisible” (1981).

Rodada en Argentina, pasó prácticamente desapercibida. Y no es de extrañar.

Argumento: Los niños llevan unos colgantes idénticos en cuyo interior hay un valioso material que persigue el malvado inventor. Les secuestra en mitad de una actuación en un circo con el propósito de hacerles desaparecer. Pero se liberan y a base de tartazos en una cocina ganan la cruzada.

“La segunda guerra de los niños” (1981)

De nuevo, rodada en España y con los mismos personajes que la primera, salvo el debut de Frank en sustitución de Óscar.

Argumento: Tras el verano, los críos vuelven a clase muy felices y ansiosos por empezar otra vez las clases. Sin embargo, parece que no han tenido bastantes vacaciones y deciden que quieren irse a Disneyworld de farra. Para ello se presentan a un concurso de música infantil con el fin de conseguir dinero. Con esto de que son Parchís ganan el primer premio con “Corazón de plomo” (vestidos de soldaditos y todo). Cuando están a punto de comprar los billetes, el membrillo de su profesor vuelve a tener problemas monetarios, por lo que los niños le dan todo el dinero y el viejo se queda tan ancho (ni se molesta en contarlo por si puede devolverles algo). Como agradecimiento les dice “sois los niños más buenos del mundo” y ellos tan contentos.

A partir de ese momento intentarán ganar pasta para el viaje por separado y con poca fortuna. La trama da un giro cuando dos tipos planean robar a su anterior jefe (D.Atilio) mediante un atraco. Los niños se enteran, dejan K.O. a todo un cuerpo de bomberos, se ponen sus trajes, se montan en el camión y con toda la bulla interceptan el atraco a base de manguerazos de agua. El perro, que siempre les acompaña, recibe una patada de un atracador por hacerse el espabilado y queda moribundo (otro achaque mortal a D.Matías hubiese sido un choteo; había que cambiar de víctima). Sin embargo, los niños ya saben la receta mágica desde la primera peli para cualquier trapiés. Así que se ponen a rezar cantando (”¡Oh, Jesús!” en este caso) medio llorando para dar más pena aún. Cuando aún suenan los últimos acordes (¿dónde estaba la orquesta?), el perro se levanta de su lecho de muerte más alegre que unas castañuelas. Con la excusa de haber evitado un atraco a D.Atilio, consiguen sacarle el costeo de un viaje a Disneyworld y todos acaban felices y dichosos.

“La Gran Aventura de Parchís” (1982)

Rodada en Sudamérica y buena parte de ella en Río de Janeiro. Desconozco si en todas ocurre lo mismo, pero sé fehacientemente que en esta peli a los niños les doblaron las voces originales.

Argumento: Los niños se van allí de vacaciones y uno de ellos es capturado por una tribu. El resto le busca por la selva y le liberará cantando, con alegría.

“La Magia de Parchís” (1982)

La vi de pequeño, pero debía ser tan rematadamente mala que me olvidé totalmente de ella en cuanto puse un pie fuera de la sala. Se admiten aportaciones.

“Las Locuras de Parchís” (1983).
Coincidió con el lanzamiento del álbum de homónimo nombre.

Argumento: Vuelven las clases y -¡cómo no!- D.Mati, a quien ya dábamos por muerto o visitando albergues sociales por sus continuos problemas de solvencia. La trama se basa en que una amiga de los niños ha sido recluída en un convento por sus padres (la quieren apartar de la mala vida), y Parchís se impone el terrible reto de sacarla de ese inexpugnable reciento que es un colegio de monjas.

Durante la peli tiene lugar una de las escenas más patéticas y bochornosas de la historia de nuestro cine. Vamos con ella; resulta que los niños se van al campo de excursión (más bien a un puerto de la Sierra de Madrid) a bordo de un autocar. Una vez desembarcados, se ponen a jugar. Carlitos aprovecha para meterse en el autocar con la intención de cepillarse la merienda de los demás niños. Sin embargo, al meterse dentro mueve el freno de mano inconscientemente -mirad que es difícil...- y el autobús comienza a bajar cuesta abajo, sin conductor, sin control, pero tomando perfectamente las curvas. Pero no acaba aquí la cosa. Mientras los mayores (el autobusero y el fornido D. Mati) quedan estupefactos y sin saber qué hacer, Frank lo tiene muy claro y en un momento de lucidez mental, grita -“¡Superman!”-. El perro sale como un cohete, da caza al autobús, se monta en él (estaba desplegada la puerta de acceso), se pone al volante y no sólo no se mete un hostión sino que ¡¡trae al autobús de vuelta!!
Por dios, éramos niños, pero no retrasados mentales.Total, que de “locuras” de Parchís tenía muy poco la peli. En realidad, eran todas de los guionistas.

“Parchís entra en acción” (1983)

1983 fue el año en que Maradona fichó por el F.C. Barcelona, conmocionando todo el panorama social. Así que ¿qué mejor idea que meter a Parchís por medio?

Argumento: Pues sí, la peli va de fútbol. Un famoso futbolista llamado Cardona (clon del pibe argentino) es secuestrado. Por supuesto, la policía resulta una incompetente al lado de Parchís que, ahora, cuentan una furgoneta y todo en plan Equipo A. Tras una trepidante persecución callejera a toda velocidad, rescatan al astro y terminan su última película hasta la fecha (¡todo puede pasar!) con una canción en la que nos enseñan a hacer deporte. “No importa ganar... pues lo importante... es poder participar”. Torrebruno creó escuela.

Tino se va

En 1983, yo estaba viendo El Kiosko un miércoles por la tarde. Lo presentaba la guapa Verónica Mengod y sorpresivamente, nos advierte que van a tocar Parchís en el programa. Uno a uno van apareciendo los niños, que se acercaban a hablar con Pepe Soplillo (muñeco del programa cuya voz era la del famoso Pepe Carabias). Pues bien, en esto que aparecen todos menos Tino y el muñeco que pregunta textualmente -”¿Dónde está el rompecorazones?”- .Y Yolanda, con toda la naturalidad, como si no supiese la petarda el shock que aquella noticia provocaría en los niños, va y dice que se ha ido. Hale, con dos cojones. Yo estaba atónito ante lo que veía, con el corazón desbocado, incapaz de artícular palabra y concentrando todo mi odio en aquel payaso que habían escogido para suplantar a la ficha roja; un tipo rubiales de bote y que respondía al nombre de Chuss (Jesús Gómez).

Para colmo de males, su nueva canción (“Tranqui, tranqui”) era patética. Parchís murió para mí esa misma tarde como lo hizo Queen años más tarde perdiendo a Freddie, y mi decepción en aquel entonces solo era comparable a un fracaso amoroso hoy día.

Pese a que Tino luego emprendió una carrera musical en solitario con un disco de “notoria” portada con el que no se comió una rosca, todo se había acabado para los niños. Si pensaba Belter que iba a ver una transición del público de Parchís hacia Tino, la cagaron pero bien. Y más por no haber tratato de suavizar la noticia. Lo más normal hubiera sido que el cantante diese promoción a su nuevo disco mientras estaba en la banda. Quizá así sí que podríamos habernos interesado por él.

Pues bien, llegamos al delicado momento de especular sobre qué pasó realmente. Hay dos versiones; la oficial y la que proporcionan la malas lenguas. En la primera, el propio Tino da como razón que llegó un momento en que tenía otras inquietudes y quería cantar a otro público más adulto, lo cual es muy comprensible. El chaval ya tenía casi 18 años y supongo que protagonizar películas donde los perros conducen autocares no estaba cercano a su autorealización. Así pues, se embarcó en una carrera que fue muy pero que muy corta. Alguna que otra actuación el algún programita como el famoso Aplauso (todavía vistiendo de rojo y todo) y punto final.

Las malas lenguas hablan de que dejó embarazada a una chica de mayor edad y que ello forzó su salida inmediata de la banda. Lo cierto es que, curiosamente, su disco tenía como primer single un tema titulado “Por primera vez”. Que cada uno piense lo que quiera.

El resto de Parchises continuó algo más. Tras su disco “Tranqui, tranqui” y unas ventas de risa, se embarcaron en 1984 en una gira como integrantes de un circo de los catalogados “mundiales”, que recorrería buena parte de las ciudades españolas. David, ante tan desolador panorama, se largó poco antes de que el tour comenzase y en su lugar pusieron a Michel (Miguel Angel Gómez Cambronero), a quien presentaron como nuevo miembro durante el citado tour. Con él en la banda, sacaron el LP “Qué tal te va”, para luego desaparecer del mapa de una manera lastimosa. Una retirada a tiempo hubiese sido mejor, pero lo malo en este tipo de grupos es que ningún integrante de la banda tiene control sobre la situación y sí los intereses corporativos (en este caso, el sello Belter)

¿Y después, qué?

Tino hizo la mili ante la clara evidencia de que su futuro musical estaba acabado. Al regreso, comenzó a vender libros puerta a puerta para, tras varios años, acabar en Airtel. Y a finales de los 90, un accidente de circulación le costó el brazo por llevarlo fuera de la ventanilla mientras conducía.

Yolanda marchó a Sudamérica, se casó con Alejandro Aragón y se convirtió en toda una estrella de culebrones. Gemma desapareció del mapa y no se supo de ella hasta que apareció en Cine de Barrio (a Parada le costó un huevo encontrarla como él mismo reconoció). Michel y Chuss, los mercenarios recien llegados, formaron el dueto Platón, de ínfima relevancia pese a que la compañía tiró la casa por la venta en cuanto a publicidad. Y de los otros dos chavales, Frank es empresario de la noche gay y David está inmerso en una empresa de publicidad.

La verdad es que ninguno sacó suficiente como para vivir del cuento. Belter se encargó de timarles y explotarles a conciencia. Un ejemplo: Todo el rodaje de “La guerra de los niños” costó 16 millones y a cada integrante del grupo le dieron unas escasas 75.000 ptas. pese a recaudar cientos de millones. Los padres estaban felices y gozosos de ver a sus criaturas en boca de todos y poco les debía importar el tema económico. Eso, o asimilar que fueron unos completos pardillos y perdieron asegurarse su pensión.

Premios y anécdotas

Pese a que no ganaron un duro a nivel personal, sí que obtuvieron un buen puñado de reconocimientos. Su primer disco, “Las 25 canciones de los peques”, ya fue premiado con un disco de Platino, y de Oro en Venezuela. En Argentina recibieron varios Platino. Incluso el mismo Ministerio de Cultura les otorgó un premio a la mejor labor social de ediciones sonoras de carácter infantil por sus discos. Se encapricharon tanto con ellos que incluso su primera película fue premiada por el mismo Ministerio con el distintivo "Calidad especial menores". En México también recibieron un triple disco de Platino por vender 500.000 copias en 8 semanas.

Me resulta curiosa la anécdota de los comics. Sí, amigos, sí ¡Parchís protagonizaba comics! Los dibujos eran una mierda como un piano, pero el hecho es constatable. Cada tebeo tenía como reclamo la letra de una de sus canciones, las cuales no aparecían jamás en los cassettes.

Otra llamativa historia acontece en el supuesto encuentro con el Papa. Aprovechando su visita a España en 1982, habían confeccionado un sencillo con dos temas basados en dos poemas del “santo” Padre e iban a entregárselo en mano, pero no pudo ser. Sin embargo, Belter, ante tamaño fracaso, mandó un fotomontaje a los distintos medios de comunicación en el que aparecían los mocosos al lado del Papa entregándole el disco. Todos se lo creyeron.

Para finalizar, relatar el curioso episodio desmantelado en Crónicas Marcianas cuando estuvieron como invitados. David fue quien, a juzgar por lo visto, le contó a Sardá la anécdota días antes para que éste la sacara a colación una vez que todos estaban reunidos. A Tino le sentó como una patada en los huevos, pero no tuvo más remedio que verificarlo al estar rodeado de los testigos presenciales.

Estaban ellos inmersos en una gira por Sudamérica, cuando nuestra querida ficha roja llevó a una brasileña a sus aposentos. Previamente, había metido al resto de la banda y a un técnico en un gran armario en la misma habitación para que viesen la “faena”, animándoles con el pretexto de que la nena tenía unos pezones muy negros y aquello era poco menos que digno de aparecer en el National Geographic. Cuadno la tía hizo su aparición, Tino hablaba a dos bandas. Con ella en castellano, y con los del armario en catalán, de manera que la brasileña no se enteraba que se estaba descojonando de ella. Así pues, decía -“mirad, mirad qué pezones más negros”- y cuando la gicha le preguntaba sobre lo que había dicho, él decía que era una forma de decirle que la quería. Gema negó en el programa que ella había estado en el armario y el resto del grupo no lo desmintió pero Yolanda, que llamó en directo desde Venezuela, la dejó en evidencia al decir que estaban todos. Gemita no puedo menos que sonrojarse y decir -”es que yo era muy tímida”-. lo que eras es una mentirosa.

En definitiva, Parchís hizo historia en el mundo de la música española por mucho que a alguno le fastidie. Es cierto que sus canciones eran infantiles, pero no podíamos esperar que unos mocosos cantaran textos sobre sexo, drogas y alcohol (aunque en una versión del tema “Me vuelvo loco” de Tequila lo hacen). Aún así tuvieron un way of life bastante rockero pese a que su compañía tapó casi todos los trapos sucios. Belter decidió exprimir a toda máquina a sus cachorros y acabó con la gallina de los huevos de oro. No les importó, pues desde el principio jamás pensarón que el quinteto aguantaría más de un par de temporadas en lo alto del cartel. Supongo que fue lo mejor, puesto que de lo contrario quizás hoy día tendríamos a Parchís como los nuevos Mocedades y todos nos odiaríamos por haberles adorado siendo niños. Y es que hay cosas que merecen extinguirse por el bien de la humanidad.

 

01 Junio 2006

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