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Nekromantic
Por Diego Titán


Como parte de su propio nombre indica, "Nekromantik" es, básicamente, una película de sentimientos; un poco primarios, pero sentimientos al fin y al cabo...


Rob, su protagonista, es un empleado de la morgue de Baden Baden, o de Böchum, o quizás de cualquier otra ciudad de esas de tamaño medio y aire un poco feo y sórdido del centro de Alemania. Eso es lo de menos. Lo importante es que está profundamente enamorado de su novia, Betty, perversa femme fatale transalpina.

Por ella sería capaz de hacer cualquier cosa. Ella lo sabe, y por eso, un miércoles cualquiera, convence a Rob para que robe de la morgue algunos trozos de cadáveres, con los que pasar un buen rato luego jugando juntos, y así enriquecer su hasta entonces pelín monótona vida sexual.


Primero son unas manos descompuestas, después un corazón; unos ojos arrancados también les hacen disfrutar... Pero al cabo de un tiempo, esto le sabe a poco a la dulce Betty, que acaba convenciendo a su abnegado fiel amante para sustrer de la funeraria un cadáver completo, entero y vero, con el que hacer realidad el sueño de la pareja: hacer el amor con un muerto, una delicia de ménage-à-troix que será, qué duda cabe, inolvidable.

Pocos días después, Rob es despedido de su trabajo, y la puta de Betty decide abandonarlo, dejarlo a él para quedarse con ella sola con el putrefacto cadáver, con el que se entiende bastante mejor.

A partir de ahí, la película narra el devenir de estos tres singulares individuos, cuyo destino, especialmente el de Rob, va abocado sin duda a su propia muerte; muerte provocada por él mismo, al clavarse un cuchillo en el estómago, mientras se masturba, logrando un espectacular orgasmo mortal en el que eyacula sangre.


Cabeza visible del llamado "ultragore alemán", "Nekromantik" constituye, podríamos decir casi sin equivocarnos un ápice, el film más odiado, amado y perseguido del viejo continente.

Puro arte y ensayo europeo, docudrama difícil de digerir que pone los pelos de punta por su carencia de humor a pesar de su jocoso planteamiento inicial, con implicaciones que llegan a lo filosófico, esta película, a lo largo de los años, se ha ido labrando una leyenda negra, negrísima, que no tiene precedentes en la Historia, y demostrando una vez más que el boca-oreja es la mejor técnica de marketing para este tipo de productos raros.

Realizada en 1988, convirtió desde entonces a su director, Jorg Buttgereit, gurú prusiano algo snob y bastante pasado de vueltas, en un revienta-tabús, en el representante del lado más oscuro del cine gore actual.


"Nekromantik" ha sido tachada de pornográfica, vomitiva, grotesca, asquerosa, repugnante, enferma; pero a la vez hipnótica, en su capacidad para mostrar con machacante insistencia y detalle quirúrgico el último tabú establecido: la necrofilia, una de las desviaciones humanas que provoca más repugnancia y a la vez enfermizo interés.

Estos contenidos no resultaron indiferentes a los medios y a los censores alemanes; incluso a sus legisladores. Las dos partes de "Nekromantik" siguen prohibidas en medio mundo, llegando la censura alemana a destruir los negativos originales de "Nekromantik 2" (1991), secuela más perversa aún de lo que los más alarmados podrían imaginarse, ya que si la primera parte finaliza con una conclusión vagamente moralista (la muerte de su protagonista), aquí ocurre todo lo contrario: la muerte da vida (para entender esto hay que verla).

En esta secuela aumenta el detallismo maníaco en mostrar escenas de sexo con cadáveres en descomposición, hasta unos límites difícilmente resistibles para la retina humana. Uno ya no sabe que hacer, salvo rezar para que no le coja nadie viéndola a solas en vídeo.


Las dos partes de "Nekromantik" tienen, pues, atributos propios suficientes para alimentar esa aureola maldita: asombrosos efectos especiales, imágenes nauseabundas (como la matanza real de animales -un conejo en este caso, con todo detalle-, cosa que nos recuerda a Holocausto Caníbal, o el baño de Rob entre los restos putrefactos de su gato muerto), alarmante corrupción física y psíquica de sus protagonistas (hasta incluso llegar a desdibujarse la línea que separa la personalidad de los actores con su propia interpretación, llegando a dudar de su salud mental), además de una hipnótica y apaciguadora banda sonora (de nuevo misma táctica utilizada en "Holocausto Caníbal") para que el martillazo al cerebro sea aún más contundente.

Otra característica importante del film es su lentísimo ritmo, típico del cine alemán, que provoca una desasosegante sensación de asfixia en el espectador. Las secuencias parecen alargarse hasta la saciedad, dotando a las imágenes de un poder demoledor.

Ejemplo de esto es la noche de amor que viven los dos protagonistas con el cadáver robado. Buttgereit crea a mala conciencia una atmósfera opresiva y maloliente, para ofrecernos el lado más sucio y malsano del ser humano, llegando a ese punto extremo en el que ya no es posible el regreso. Sin duda existe un antes y un después de ver esta película.


Toda la obra posterior de Buttgereit gira alrededor e la muerte. Tanto en "El rey de la muerte" como en "Schramm", los placeres más mundanos se dan la mano con la obsesión del director por reflejarlos con una naturalidad que resulta aplastante, como si lo que nos estuviese contando fuese lo más natural y cotidiano del mundo.

Comentar también que "Nekromantik" tiene como antecedentes films como "Demencia", de Joe D´Amato o "Macabro", de Lamberto Bava, documentos también donde el coleccionismo de cadáveres alcanza cotas de barbarie.

En definitiva, una buena forma de pasar la tarde es comprarse cuatro kilos de palomitas e invitar a tu pareja a divertirse un ratillo viendo una película diferente. Y si antes le has prometido ver una peli romántica de las de Meg Ryan, la broma puede ser histórica.

Al final tampoco es para tanto, sólo era cuestión de énfasis periodístico, que dicen... para darle más interés al asunto. Si hasta la podeis encontrar en la estantería del Blockbuster...


02 Febrero 2007

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