
Björk se reconcilia
con sus talifanes
en la capital
¿QUÉ? Concierto de Bjork
¿DÓNDE? Plaza de toros de Las Ventas
¿CUÁNDO? 18 de julio de 2007
Algo pasa con Bjork. Su creatividad se esfuma al lado de su voz. Los talifans, al verse decepcionados por tercera vez
consecutiva, comienzan a despotricar. No es para menos. Después de tres años de Medúlla –para muchos un disco infumable-, obsequia a
sus seguidores con dos trabajos para giñarse. Si con
la banda sonora de Drawing Restraint,
más de uno alzaba la voz, con Volta muchos son los que ponían el grito en el
cielo, incluso más que la propia China.
Con este percal, la esquimala se pone las pilas con el recurso fácil de
contentar a su público a base de jits. Pero antes de
la reconquista, la cita en Las Ventas aguardaba un verdadero tormento. Como en
sus dos anteriores conciertos en España, Bjork era teloneada por tres bailaores de
flamenco bajo el nombre “Al natural”.
La cosa supera
cualquier realidad: un concierto de una gritona esquizofrénica acompañado por
sobredosis de taconeo. El espectáculo extrapola las cotas de surrealismo cuando
ves que entre las tres jóvenes promesas se esconde El Farru o, lo que es lo mismo, el hermano pequeño de Farruquito. El chiquillo en
cuestión no es otro que quien le endosó el muerto –y nunca mejor dicho-, el célebre
bailarín después de sus desavenencias con su BMW.
Los tres sujetos salieron
con hora y cuarto de retraso, así que si la gente iba que trinaba, terminó de
calentarlos. Para colmo, se presentaron en vaqueros y no había que ser un
experto en flamenco para saber que esas coces bobinas
podían ser cualquier cosa menos arte. Entonces, ¿qué pintaban ese trío ahí?
No había que buscar
demasiado para encontrar la clave. Pino Sagliocco,
promotor musical, producía “Al Natural”. Este magnate de la industria del ocio está
asociado con el grupo Gamerco, que no es otra que la
empresa que traía a la Amarilla a nuestra península. Está claro que salía más
barato contratar a un querubín que trote lo que quiera, que pagar a un grupo
para que realizarse un espectáculo en condiciones. Eso sí, nadie rechistó, que
podía haber algún kinki infiltrado entre el público
(*).
Después del duro
trance de soportar al Farru & Co.
–en mi caso, por segunda vez-, se montaba el escenario para acoger a la China.
Nada de pantallas ni de recursos de una diva del pop de la altura es la
islandesa, tan sólo unas banderas con peces y ranas decoraban el entablado.
La oscuridad llegó y
con ella, el pistoletazo de salida. Desfilaron una decena de chicas con trajes
muy Ágatha Ruiz de la Prada:
conjuntos de colores fosforitos que eran adornados con una banderola roja que
salía de la chepa. Eran las componentes de la banda
de trompetas y tubas de la gira ¿Cuánto ridículo tienes que estar dispuesta a
hacer para formar parte del equipo de Bjork?
Pero ella no se
quedaba atrás. Lucía un vestido amarillo eléctrico metalizado que ni la Britney de ahora se atrevería con él. Si a eso le unimos los
pompones de lana que conformaban un gorro con pompones a lo montera de corrida
goyesca, el conjunto era de lo más scary. Claro que
de una persona que se atreve a declarar que “la solución al nacionalismo está
en el océano” puede eso y más.
Apostando por lo seguro
La cita empezó
fuerte. “Earth Intruders” fue
acogida con gran ahínco, a pesar de que, para darle mayor impacto, recurrió a
una llama de fuego cutre que casi churrusca una de las banderas que agitaba el
viento. Ni al público parecía importarle eso ni de que faltara la mayoría de
los matices, el flamante primer single de su flop-album agitó a un público ya rendido.
Aprovechando el
tirón, la esquimala tiró de éxitos. Con eso,
terminaba de ganarse el agrado del coso. Pero le quedaba la prueba de comprobar
si los arreglos de viento metal encajaban con los viejos temas. “Hunter” y “Hidden Place” pasaron
la prueba. En “Hunter”, además, la ex Sugarcube se marcó unas coreografías de parvularios que
hipnotizaron al personal. Sin embargo, lo mejor fueron las telas de araña a lo Spiderman que salieron de sus muñecas. Todo como muy de
disfraz de Halloween, simple pero gracioso.
Las canciones que no
pasaron la ITV con los nuevos arreglos fueron “Pagan Poetry”,
“Aeroplane” –la única de su Debut- y “The Pleasure Is All Mine”. A la primera le faltaron las harpas, la segundo
aburrió hasta a un seguidor de las teletiendas. La
peor fue la última y con diferencia. Cutre a más no poder. Mucho instrumento en
el escenario (teclados, sintes y demás cacharros) y al
final deja cojas a las versiones.
Para intentar
reparar los daños, la gritona optó por uno de sus ases: “Jòga”. Si le sumamos, que la versión en directo
recuperó la parte electrónica de Mark Bell desaparecida en sus últimas giras, pues te digo que le
quedó maravillosa. No juraría si estaba todo realmente grabado o si realmente
se debía al Reactable como nos quería hacer ver. El
instrumento en cuestión es una especie mesa computarizada que genera ritmos a
través de la estimulación externa de objetos. Es difícil de explicar, así que
haz clic aquí http://www.youtube.com/watch?v=0h-RhyopUmc si quieres saber un poco más de este juguetito creado por la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona.
La china siguió
tirando del Homogenic con “Immature”.
Aclaraba definitivamente cuál de todos es su mejor trabajo. Menos electrónico,
más desnudo e igual de envolvente, el corte se apoyaba básicamente en las
líneas de teclados. Le quedó resultona, la verada.
Lo que parecía un
espacio para el relax volvió a retomar el ambiente más caótico con “Army Of Me”. La versión apareció más
oscura y agresiva. La cantante no cesaba de moverse de un lado a otro del
escenario como una vaca sin cencerro. Eso sí, no se sabe si por ganas o por
cosas de la edad, la cantante no estaba a dispuesta a dejarse la piel como
antaño.
El concierto volvió
a decaer con esa cagarruta que es su nuevo single, “Innocence”. Ni los cutre-lásers verdes, ni la cantidad de arreglos que ha incorporado Mark Bell a la versión de estudio hacen que la canción
obtenga ni un mísero aprobado. Pero más delito tiene joder una canción como “I
Miss You”. Vale que resultaba acertado incluirla en
el repertorio (por cuestiones de la banda de viento), pero esas las bases
arrítmicas la jodieron por completo.
Bjork decidiría bajar de nuevo el listón con una perfecta pero insuficiente “Wanderlust”. Y la guinda, la inesperada “Mother Heroic”. Lo de tocar esta
cara b de la era Vespertine fue para cagarse en todos
los islandeses: Bjork con el único acompañamiento del
clavicémbalo (una especie de piano del siglo XVI) a manos de Jonas Sen (un teclista estirado con cara de pedófilo). A pesar de tanto garrulo congregado (es lo que tiene dar un concierto en Las Ventas), todo el mundo se
contuvo a la hora de pitar o berrear pidiendo más chicha al asunto. El tema le
quedó bonito, sí, pero, Bjork, hija, no puedes tener
a 12.000 personas mirándote cómo haces lo que te salga del coño.
La traca final
El silencio tuvo su
recompensa de órdago. Bordó un “Bachelorette” que
acabó en tango. Le continuó otra no menos perfecta “Hyper-Ballad”. Una vez más, los arreglos de cuerda fueron
sustituidos con éxito por las trompetas. La sorpresa fue que la parte bakala de esta canción extraida de su álbum Post acabó con el “Freak”, de LFO (grupo
de Mark Bell). Durante ese
acertado giro, Las Ventas desató sus pasiones y la plaza de toros se convirtió
en una verdadera rave. ¡Si hasta el de los sinthes aplaudía como si estuviese en una catedral del progressive! La gente, totalmente desatada, gritaba fuera
de sí. Mientras, la cuarentona apenas podía ni con sus carnes.
El frenesí se prolongó
con esa psicosis hecha techno que es “Pluto”, Bjork se volvió loca del
coño del todo y, con ella, todo el público. Claro que con ese tema, ¿quién mantiene
la cordura? La cantante se arrancó con unos desgañites que le hicieron perder hasta
el ritmo y comenzaron a sucederse berridos por doquier. No quiero ni imaginar
las caras de los pobres vecinos del barrio al oír tales estruendos.
Tras unos minutos de
merecidísimo descanso, la China regresó al escenario y lo hizo para interpretar
una versión charanga de “Oceania”. Realmente horrorosa.
Hasta sus talifanes más férreos se quedaron espantados
ante esa adaptación de orquesta municipal. Y es que lo indefendible, no lo
salva ni el abogado de la Pantoja.
Para cerrar el
concierto, la islandesa escogió “Declare Independance”.
Esta canción antiglobalización se alzó como el himno
de la noche. Y no fueron las estrofas de polítiqueo lo que agitó a las masas (al fin y al cabo, eso le suda el potorro a la gente)
sino ese beat machacón de raverbena de periferias. Todo el mundo perdió los estribos. El recto teclista de
conservatorio que le acompañaba a la china se puso el gorro de pompones y
comenzó a bailar y todo. Toda una puta locura.
Al acabar, todos ansiábamos
más y más, pero se encendieron las luces y se dejaba claro que por 40 euros la
entrada más barata, Bjork no iba a dar más. Y contentos
que nos quedamos, oye. Claro que si sigue dando conciertos llenos de jitazos como el que dio en Madrid, a mí como si hace discos
con obturaciones rectales.
Antonia Delata ladelatamemata@gmail.com
Los Mentideros 2005-2006 |