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El trato


Existen dos maneras de comportarse ante la clientela en todo establecimiento. La más frecuente los bares de Madrid es la de tratar al consumidor como si fuese una res de ganado porcino. Esto es algo que he vivido en muchas ocasiones y que, por desgracia, tuve que comprobar de nuevo el pasado jueves en el Black & White.

Esa noche tenía lugar la entrega de premios de los HOSCARS, una ceremonia anual con galardones ridículos –¿hace falta un premio al mejor camarero?. Para que hacer que la fiesta tenga algún atractivo, el dueño del cuchitril suele contratar al artista hype del momento y este año, como no, tocaba llevar a la Terremoto de Alcorcón.

Si hay que elegir lo peor del Black & White no es su decoración, ni su higiene. Ni tan siquiera son sus asistentes, ni los costes de las consumiciones. Lo que hace que ese local sea mezquino es el trato con su público. Ya en la puerta, quien deseara entrar tenía que padecer el despotismo de unos guardias de seguridad con un humor tan limitadito como el número de neuronas que guardan en sus respectivas masasencefálicas.

El reclamo de la Terremoto originó lo esperado: que acudiese la gente en masa. Como todo sarao, la sala tenía su zona VIP. Lo que sucede es que en esta ocasión área para invitados ocupaba toda la parte visible y los asistentes, que habían pagado 10€ por entrar, querían ver el espectáculo. Por eso, el público se hacinaba, invadiendo incluso el reservado. Cada poco tiempo, siempre había alguien que te decía con tono de crecido que aquello era para gente VIP. Lo mejor que se puede hacer ante este alarde de catetismo clasista es ser lo más diplomático posible.

La cosa es que tantos eran los invitados, que no cabían en el reservado. Cuando apareció Roberta Marrero, quien asistía para recoger su premio como mejor DJ, no tenía asiento. Fue entonces cuando el organizador del evento echó a dos jóvenes que se encontraban en el área para invitados... Y es que en el mundo de los VIPs, hay que distinguir entre los LIPs y los SIPs, o lo que es lo mismo, los Less-Important-People y los Super-Important-People.

Como uno no tiene la necesidad de ser tratado como un judío, lo mejor es retirarse. JL y yo decidimos dar una vuelta para ver qué se cocía por aquellos lares. Lo más interesante fue analizar cómo trabajan los chaperos. Ajenos a los HOSCARS (ni siquiera retransmitían la gala por las pantallas de televisión), hombres talludos acudían al Black & White para saciar sus ansias de sexo de la mano de un fibroso mulatito. Y todo, pasando por caja, claro.

Allí se vivía el capitalismo en estado puro, con sus propias leyes de oferta y de demanda en las que no faltaba la teatralidad de las relaciones nocturnas. Las escenas vividas eran propias de un documental de Félix Rodríguez de la Fuente.

Fascinados por el arte del cortejo con VISA, JL y yo realizamos un estudio de mercado. La mayoría de los jovencitos de compañía eran de origen brasileño. Todos ellos tenían la misma tarifa: 100 €. Lo que variaban entre unos y otros era la duración del disfrute. Mientras que unos fijaban el alquiler de su cuerpo en una hora, otros afirmaban que el pago hacía que el usufructuario disponía de sus artes amatorias hasta quedarse satisfecho. Eso sí, ninguno de ellos apalabraban las prácticas sin billetes de por medio, así que nos quedamos con las ganas de saber si en esos 100 € entraban felaciones, besos negros o si el que ponía el culo era el pagador o el chapero.

En un momento del estudio, pudimos ver cómo los VIPs también sufrían en sus carnes las insolencias de los seguratas. V, quien acudía con Roberta Marrero, era vetado por un gorila. V no entraría “ni pagando un millón de euros”. La reacción no se hizo esperar y Roberta Marrero se fue sin su premio antes de que acabara la gala.

Glam Street: sin LIPs, ni SIPs

Afortunadamente, no en todos los locales uno recibe ese trato tan despreciable. Y un día después de los Hoscars, el Glam Street, el bar de Yurena, recibía a todo el mundo con la delicadeza y el respeto que se merece. Su inauguración tuvo lugar el pasado viernes y su apertura suscitaba la misma curiosidad a todo el mundo: qué había detrás de su puerta.

Una vez dentro, se podían comprobar algunos cambios en el local, que antiguamente daba asilo al mítico Morguenstern. Los más evidentes fueron el rojo de sus paredes y una iluminación excesiva. También se habían quitado los asientos de las paredes y el billar que ocupaba el centro de la sala. Sin embargo, se mantenían las dos barras, una justo al entrar y la otra, al fondo a la derecha.

Por allí se dejaron ver caras conocidas de la noche madrileña: la Nu-G (aka New Generation), Cabezon Room, MJ y las Sacerdotisas del Baal, La Flor de Alcorcón, Eme, Popy Blasco, Agnes La Sucia, Rocabert, el cantante de Corazón, La Prohibida, Elektro y sus Rebel Rebel... Estaba claro, el underground tendía su mano a Yurena.

Extraño fue no encontrar micros, ni cámaras. La cantante aclaró que no quiso ponerse en contacto con los medios (y menos con la prensa rosa), tan sólo llamó a La Guía del Ocio. Sin duda, era la opción más acertada. No quería convertir aquello en un circo ni quería que los cuatro niñatos de turno se acercaran al local para aguar la fiesta.

Yurena estaba acompañada de sus seres queridos, entre los que se encontraban sus padres, Floreal y Margarita. La señora Seisdedos ya había pasado la pulmonía que sufrió unas semanas atrás aunque aseguraba no sentirse recuperada del todo. Por su parte, Floreal se implicaba con total empeño en el negocio de su hija; tan pronto se le podía ver recoger vasos como barrer y recoger desperfectos. Mientras tanto, la artista atendía a los asistentes siempre con una sonrisa en la boca. No dudaba en posar ante todos aquellos que deseaban la foto de rigor.

A pesar de afirmar que estaba escéptica ante cómo iba a funcionar todo aquello en los próximos meses, la cara de la cantante no podía disimular la ilusión de ver realizado este proyecto. Se mantenía satisfecha por haber podido abrir el bar a tiempo, ya que se había acabado de pintar las paredes tan sólo dos horas antes de su apertura.

Lo más curioso de todo fue la música que se podía escuchar en Glam Street. Nadie podía imaginarse que allí sonarían jits de The Cure, Pulp, Bloc Party, Franz Ferdinand, Kasier Chiefs y mucho menos, temas de Editors o de She Wants Revenge. La gente estaba encantada. Pero, lo que hizo que Yurena se terminara de meter el público en el bolsillo fue el precio de las consumiciones. Hasta la 1 de la madrugada, las cervezas costaban 2€ y las copas, 4,5€. Luego, costarían medio euro más. Y no, no era garrafón. Un lujo etílico, chica.

Sin pasarse de la hora permitida, a las 3:30 de la madrugada se clausuraba con éxito la inauguración de Glam Street. Con la suerte que tiene la pobre, lo mejor era no tentar a la Policía y acabar con una multa el primer día. Con toda la educación, los camareros pedían la salida de los asistentes. Lo que ya me terminó de ganar es que el gorila abriese la puerta a todo el mundo y se despidiera con un “buenas noches”. Ay, si aprendieran algunos...

Las fotos del bar de Yurena

 

Antonia Delata ladelatamemata@gmail.com

Los Mentideros 2005-2006

27 abril 2006

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