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Depeche Mode,
la banda de Dave Gahan
FOTOS: Enrique Urcelay


¿QUÉ? Concierto de Depeche Mode.
¿DÓNDE? En el Palacio de los Deportes de Madrid.
¿CUÁNDO? 7 de febrero.

En un tiempo no muy lejano Depeche Mode fueron muy grandes. Algo cambió. Después de dar el segundo repaso a su carrera, en The Singles 86-98, los ingleses decidieron cambiar el rumbo con Exciter. Su disco más pop supuso la primera hostia seria a nivel de ventas y, claro está, se montó un pifostio del tres.

Intentando buscar el responsable del fracaso, Dave Gahan acusó a Martin L. Gore de monopolizar el proceso creativo. La crisis desembocó en un parón indefinido, intervalo en el que los tres miembros emprendieron carreras por separado. Ni que decir tiene que ninguno de ellos consiguió aproximar el éxito en sus incursiones en solitario, así que no tuvieron más cojones que reunirse y reestructurar la formación.

El regreso se llamó Playing the angel y en él, por fín, Gahan pudo meter mano. La recuperación de los sonidos más oscuros conformó a sus seguidores, quienes soñaban con una vuelta a los ilustres tiempos del Violator. No obstante, el disco ponía una vez más de manifiesto que la creatividad del grupo se encontraba en sus horas más bajas.

Depeche Mode emprendió entonces una gira mundial con un centenar de fechas, cuatro de ellas en España. Los billetes se pusieron a la venta con seis meses de antelación y se agotaron a los pocos días. Y es que sólo los grandes pueden permitirse el lujo de hacer discos mediocres y vivir de las rentas cual vil Yoko Ono.

Segunda victoria en Madrid

Tras el éxito cosechado en la primera cita en Madrid, Depeche Mode subían de nuevo el telón del Palacio de los Deportes. Otros 15.000 talifanes estaban dispuestos a lamerles los pies y lo que hiciese falta.

Los ingleses iban desfilando en una tenebrosa oscuridad. Dave Gahan aparecía de negro y con su habitual indumentaria: un pantalón de cuero y un chalequito sin nada debajo. Lo que sí había cambiado era su aspecto físico. En vez de presentar la cara de jamaroso de hace unos lustros, mostraba un aspecto más enérgico y alegre.

Martin L. Gore, también de riguroso luto, lucía unas alas de ángel y un gorro de pelo con forma de cresta. Era la manera de llamar la atención de un público que sólo tenía ojos para su carismático vocalista. Lo peor de todo es no haber asumido después de 25 años que ni nada ni nadie puede eclipsar a Dave. Por su parte, Andy Fletcher, consciente del papel que desempeña, se refugió detrás de uno de los teclados.

El escenario estaba formado por seis pantallas superpuestas y por una especie de naves de estilo Barbarella que camuflaban los teclados. A la izquierda había una bola que no cesaba de transmitir palabras como “pain”, “regret”, “suffer”, que es algo que tanto gusta a los siniestros, góticos y demás sufridores.

“A pain that I’m used to” fue la primera de la serie de éxitos que conformó la primera parte del concierto. “A question of time”, “Policy of truth” y “Walking in my shoes” se intercalaron con los cortes de Playing the angel, de los que sólo consiguieron relucir los sencillos “Suffer well” y “Precious”. En éste ya quedó claro que los años no benefician la voz de Dave, quien sale del paso gracias al apoyo vocal de Gore. Sin embargo, lejos de causar posiciones enfrentadas, los cabecillas del grupo se procesaron una complicidad perenne a lo largo de todo el directo.

Impepinable es que todo el peso del espectáculo recae en Gahan, quien, entre palmas y bailes, no paró quieto ni un instante. Lo más llamativo es la enorme pluma que tiene. Si hubiese nacido en La Mancha, no sólo no le habrían gritado sarasa/bujarra/invertido, sino que hubiese acabado como el vaquero marica. Sin embargo, parece ser que el cantante es hetero (está casado y con hijos), lo cual rompe estúpidos estereotipos atribuidos exclusivamente a la homosexualidad.

En el ecuador del concierto, Dave abandona el escenario y Martin toma el timón. Es su momento de gloria y su rostro no logra ocultar el placer de sentirse la estrella aunque sólo sea por unos instantes. Sin embargo, el guitarrista no consiguió más que provocar bostezos con los gorgojitos de “Macro” y la versión piano de “Home” (que es prácticamente igual que la remezcla de Air).

Depeche Mode recuperaron el norte una vez regresado Gahan y retomaron el rumbo desempolvando los clásicos: “I Feel You”, “Behind The Wheel”, “World In My Eyes”... hasta llegar a “Personal Jesús” y de “Enjoy The Silence”, los más esperados de la noche. Por ponerle algún pero, los ingleses se excedieron y alargaron demasiado los dos últimos éxitos, tiempo que podían haber empleado en tocar, al menos, otro jit.

Después de una breve pausa, la banda iniciaba la recta final del show. Martin volvía a ponerse al frente del micrófono en “A Question Of Lust”, con Dave Gahan acompañando en los estribillos. No faltaron tampoco ni “Just Can’t Get Enough”, ni “Everything Counts”, que fueron las dos únicas canciones que se incluyeron en el repertorio de su primera etapa –la más petarda-. Durante todo este intervalo de tiempo, ambos se situaron en pasarela que penetraba al público.

El broche final llegó con “Never Let Me Down Again”, un tema que pone de manifiesto una vez más por qué Depeche Mode están donde están. Dave Gahan, quien no había parado de menear el culo en ningún momento, decidió quitarse el chaleco y obsequiar al público con su torso desnudo lleno de tatuajes.

Todo lo que subió, lo bajó “Goodnight lovers”, una giña con la que el trío de Basildon dijo adios en clave soul.

• Lo mejor:
Los visuales de Antón Corbijn supieron crear el ambiente idóneo para exponer las canciones. Predominaron las imágenes en blanco y negro (rollo 101) y guiños a sus vídeos (el pájaro durante “Walking In My Shoes” y una animación de un rey en el transcurso de “Enjoy The Silence”). Sin embargo, también hubo proyecciones dignas de olvidar: en “Just Can’t Get Enough” aparecieron esbozos que parecían dibujos de McNamara...

• Lo peor:
Quitando las pantallas, el escenario era un quiero y no puedo. Intentaba emular el espectáculo de los conciertos de U2 o de Rolling Stones quedando en evidencia. Los diseños de las naves y de la bola eran como para ahorcar al diseñador por mal gusto.

• El veredicto:
Depeche Mode supo equilibrar la presentación de las nuevas composiciones con las clásicas. El repertorio estuvo repleto de éxitos (todo lo contrario que en su anterior gira), aunque sí que se echaron en falta algunos como “Shake The Disease”, “Strange Love”, “It’s No Good” y, en menor medida, “Dream On”. Depeche Mode consiguieron salir con la cabeza bien alta después hora y tres cuartos de concierto gracias a Dave Gahan, que es posiblemente el responsable de que el grupo siga interesando después de 25 años.

Antonia Delata ladelatamemata@gmail.com

Los Mentideros 2005-2006

16 Febrero 2006

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