Muchos besitos pa la Charuca!!!
 
 
 
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Los Backes... Tiaaaaaa....!!!

El Crepúsculo de los Casi Dioses

¿QUÉ?. Concierto de Backstreet Boys.
¿DÓNDE?. Rocódromo de la Casa de Campo, Madrid.
¿CUÁNDO? 9 de noviembre.

¿Son necesarias las boybands? Indiscutiblemente sí. Al igual que otros iconos juveniles, los grupos formados por tíos buenos tiene una tarea dura pero esencial en la sociedad postmoderna: hacer que las feas no se sientan desdichadas.

Una niña no agraciada jamás podrá tener entre sus manos a ningún macizorro. Triste pero cierto. Para más INRI, correrá el peligro de que su don juan imposible se entere y se ría de ella en la puta cara. Por eso, preferirá tener cantantes como amores platónicos porque ellos jamás se burlarán en su cara (más que nada porque no habrá encuentro).

Aprovechando esta desgracia, un empresario con mucho olfato decidió reunir cinco púberes para crear una formación musical. El quinteto reducía a grandes rasgos los estereotipos de guaperas de la época. Así nacieron los New Kids on the Block, la primera boy band prefabricada, a mediados de los ochenta. Posteriormente, surgieron como setas otras bandas como Take That, Boyzone...

El caso de Backstreet Boys es mucho más curioso. Apostar por cinco cardos borriqueros y presentarlos como sex symbols parecía tan poco fructífero que ni Susurrando Discos hubiese apostado un duro por ellos.

Pero como si se tratara de un fenómeno paranormal, los chicos consiguieron abrirse un hueco en Europa desde Alemania en 1995. La culpa la tuvieron “We’re got it going on” y “Get down”, unos singles que mantenían la esencia de los New Kids. Gracias a la pegajosa “Quit playing games (with my heart)”, el grupo logró asentarse definitivamente en el mercado.

A pesar del éxito cosechado en el Viejo Continente, los Backes no eran profetas en su tierra. No sería hasta la publicación de la continuación de su debut, cuando el quinteto se convirtió en ídolos de masas en todo el mundo. Su segundo álbum, Backstreet’s Back, contenía jitazos de la talla de “Everybody”, “As long as you love me” y “All I have to give”.

Sus trabajos posteriores fueron mediocres (sólo destacaba “I want it that way”); sin embargo, fueron suficientes como para mantenerse en la cumbre. Así lograron vender un total de más de 70 millones de discos.

Después de hacer tanto dinero, Backstreet boys decidieron tomarse un respiro. Durante ese descanso, algunos miembros iniciaron carreras por separado. Howie (el de la perilla) debutó como actor en una obra en Broadway. Por su parte, AJ (aka “El chungo de los pendientes”) y Nick Carter probaron suerte por separado con trabajos musicales menos artificiales. Como era el más pirorpeado del grupo, Nick pensó que tendría la misma suerte que Justin Timberlake o Robbie Williams, ambos disidentes de boybands.

Ni que decir tiene que todos fracasaron. No en vano, alegría en el cuerpo no les faltó. Nick Carter descubrió la marihuana mientras que AJ se aficionó al pimple.

Como sus cuentas corrientes mermaban, no tuvieron más remedio que juntarse de nuevo. El fruto fue Never gone, un álbum que se anunciaba a bombo y platillo como el sonido que asombraría a todos. Y sorpresa sí que hubo pero ingrata. Lejos del pop facilón de coreografías, los de Boston se decantaron por un pop rock plano típicamente americano. Ese cambio se presentó como el fruto de una madurez. Vamos, que era un verdadero coñazo.

Menos big macs y más coreografías

Con la presentación del nuevo trabajo, se embarcaron en una gira que tenía doble parada en España. La mayor incógnita era quién era el público que asistiría a sus conciertos, ¿adolescentes adictas al Clearasil o veinteañeras nostálgicas?

Comprobé que haber, había un poco de todo. Eso sí, las más pequeñas seguían siendo la clase mayoritaria. También me encontré con un gran número de chicos, de los cuales la mitad eran maricas y la otra mitad todavía no lo tenía asumido.

En la cola, pude elaborar un enunciado con base empírica: las talifanas supervivientes eran verdaderos experimentos de la genética. Auténticos trolls con melena. Deberían codificarles la cara porque son feas hasta decir basta! También demostré que dos de cada tres eran peliteñidas y tenían al menos cuatro dedos de raíces. Francamente sorprendente.

A pesar del paso del tiempo, todas mantenían esa histeria característica, algo que desembocó en una verdadera estampida de ñúes cuando se abrieron las puertas. Pero cual fue el asombro que, una vez dentro del pabellón, el público no ocupó ni la mitad de su capacidad; y eso que un amplio porcentaje iban acompañadas por al menos uno de sus padres.

Para amenizar la espera, los Backes contaban con un tipejo como telonero. Vestía como MAM y, sin embargo, cantaba como un Elvis salido de Lluvia de estrellas. Sobre la triste actuación en la que se incluyó una versión del “Wicked game” de Chris Isaak, diré solamente que el chico cosechó más aplausos de los que seguro esperaba.

Por fin llegó el momento esperado. Se bajó la sábana negra que tapaba el escenario. Aunque se enganchó en un lado, quedó al descubierta toda la parafernalia. Analizándolo detenidamente, reconocí que poco tenía que envidiar el que tenía nuestra Muerta Sánchez en su anterior gira. El tablao estaba compuesto por dos plantas llenas de luces, unidas por una gran escalera central y dos laterales más pequeñas por las que desfilarían los cinco chicos.

Bueno, de chicos tenían más bien poco. Y es que el paso de los años ha hecho mella en ellos; y no sólo en sus rostros, sino también en su forma física. Ya quedó claro desde el principio con “The Call”, cuya coreografía quedó como de baile de garrulos. Lo más llamativo era la torpeza de Nick Carter, quien lucía unos cuantos kilitos de más. Parecía un Fernando Romai en Mira quien baila más que un aspirante a Nureyev.

Pronto el quinteto entró a saco con medios tiempos y baladones. Así, tocando ñoñerías, se ganaban a las talifanas desde el principio. Con algunas conocidillas (“More than that”, “Shape of my heart” y “The one” no dejan de ser singles corrientes) y otras de su último disco, el grupo logró que aquello pareciese un matadero de cerdos. ¡Qué gritos, chica!

Las talifanas respondieron también con una lluvia de objetos que inundó el escenario, desde peluches tipo perrito piloto y hasta un sujetador rojo. Muy jevi. Como algún peluche acabó en las manos de los ídolos, aumentaron los gritos, ya que pensaban el regalo se lo llevarían los cantantes a sus casas... ¡Pobres ilusas!

Los Backes hicieron una pausa. Mientras se cambiaban, pusieron en las pantallas con un refrito de imágenes de videoclips, conciertos en estadios, momentos en el estudio... Cutre más no poder (¿lo producía Canal 7?), el vídeo dejaba claro una cosa: jamás volverán esos años dorados en los que llenaban estadios de todo el mundo.

Con nuevos estilisimos, los de Boston decidieron darle un poco de vidilla a la cosa con “I still”. Ya cada uno desempeñaba su papel. Mientras Brian hacía que se caía por las colisiones con peluches (no se puede ser más payaso), Nick adoptabó el papel de gamberro poniéndose el micro como si fuera una polla.

Poco tardó Howie (sí, el marica) a cogerle el instrumento. Y no seas putilla, que el chico fue a echarle la bronca porque ésas no eran formas de comportarse ante las niñas. Por eso, no dudó en tirarle de las orejas dejando a Carter en el mayor de los ridículos. Desde ese momento, los rifirrafes entre ambos miembros (con algún que otro empujón) se produjeron a lo largo de todo el concierto.

Después de hacerse de rogar, sonaron temazos, “I want it that way” y “Larger than life”. Sin embargo, luego retomaron las baladas soporíferas con “Show me the meaning of being lonely”. Durante la interpretación de “Siberia”, empezó a salir espuma a modo de copitos de nieve. Si lo ve la Muerta Sánchez, seguro que mete la idea en su próxima gira!

Tras otra parada y su respectivo vídeo con lo que fueron y jamás volverán a ser, llegaron más jits. Primero tocaron “All I have to give”, en la que no faltó la coreografía de los sombreritos que salía en el vídeoclip. Y ya hay que ser costra como para recurrir al numerito de 1998.

Le sucedieron dos de sus singles más famosos, “As long as you love me” y “I’ll never break your heart”. Y aunque lo tenían difícil, la cagaron al hacer versiones a lo Barry White. Aquello parecía como si fuese el típico show en Las Vegas dentro de un par de décadas.

Con tanta lágrima fácil, ya iba siendo hora de tener un poco de marcha. Nick Carter cogió una guitarra y preguntó si queríamos rock. Así metieron “Just want you to know”, su último single. La cantaron con el vídeo en las pantallas, como si fuese un playback en una gala televisiva tipo “Murcia, qué hermosa eres”. Un espanto, vamos.

Aunque la cosa comenzó a caldearse, los tíos volvieron a las canciones lentas ¡Qué pelmas! Sólo se salvó “Quit playing games”, que fue cantada en castellano. Arcadas me entraron cuando llegó el momento “nos encanta España y sus chicas” para presentar “Spanish eyes”. Sólo les faltó decir que les gustaba el flamenco y la paella (me hubiese inmolado allí mismo!!).

A continuación, los técnicos arrastraron un piano de cola y lo pusieron en el centro. Kevin se sentó y se dispuso a tocar “Incomplete”. “Ya que no canta, que haga algo” debió pensar el manager. Y así se hizo, todos apoyados en el teclado. A pesar de ser de su época más reciente, la canción fue de las que más ovacionadas. Al terminarla, los chicos se despidieron del público y se fueron del escenario. Y qué pasaba Everybody (Backstreet’s back)?!?

Se hicieron esperar, pero al final salieron de nuevo. Esta vez con una pose rapera absurda a lo Junior. Tocaron “Everybody” aunque la cagaron otra vez. Al principio sonó sólo con batería y bajo, y les quedó jipjopera, como una burda imitación del “Hollaback girl” de Gwen Stefani. Afortunadamente, a mitad de la canción retomaron la versión original e incluyeron el baile que todo el mundo ansiaba ver (las del vídeo, claro).

Y así se puso punto final a un concierto lleno de gente pero decepcionante, marcado por la ausencia de espectáculo y de coreografías (¡Tan sólo bailaron en cinco de los veintiún temas!). Está claro que recurrieron a los baladones porque ya no tienen el coño para muchos ruidos... Y es que no hay que olvidar que toda boyband tiene fecha de caducidad y los Backstreet Boys están más que acabados.

¿Quieres ver las fotos del concierto?


Antonia Delata ladelatamemata@gmail.com

Los Mentideros 2005-2006

 

09 Noviembre 2005

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