Grace Jones: Fiera sin domesticar
Por Femme Fatale

Sobrevolamos el Caribe: dentro del surtido de islas tropicales que se desparraman por la zona divisamos una sobre la que se eleva una tremenda humareda aderezada con ritmos reggae. A medida que descendemos sobre ella nos vamos colocando y el amor al prójimo nos invade: se trata de Jamaica, antigua colonia inglesa que ha dado al mundo destacados nativos como Bob Marley (con sus petas y sus tonadillas) o una variedad de café de lo más estimulante.
Hablar de Jamaica es hablar de risueñas gentes multicolores inspirando y expirando humos de la risa, de simpáticas trencitas y de una tropicalidad apabullante.
Pero la realidad jamaicana poco tiene que ver con la imagen que Marley y sus acólitos musicales vendieron al mundo.
No tienen más que visitar la web de la CIA sobre esta isla para comprobar que este lugar es más un infierno que un paraíso.
¿No les parece genial que la misma CIA comparta con el pueblo llano sus estadísticas? Rebusquen y descubran los peores detalles sobre sus países preferidos.
Y de las entrañas del infierno surgió ella, la diosa, la diva por excelencia: GRACE MENDOZA, universalmente conocida como GRACE JONES.

Situémonos en los 50, época en la que Jamaica estaba sometida al devastador colonialismo inglés que les dejó los recursos naturales bajo cero. En 1952 nace en la localidad de Spanishtown una chiquilla, de candoroso nombre Grace, en el seno de una familia bien, de padre predicador y madre abnegada y piadosa.
La joven Grace creció en un clima de afecto y protección, marcado por la sospechosa huida de su padre a USA bajo el pretexto de predicar por allí. En tierras jamaicanas, Grace vivió una infancia asilvestrada, dedicada a tomarle el pulso a la tierra y sus gentes, sin normas ni reglas, zumbando de acá para allá.
Sin embargo, Mrs Mendoza-Jones quería que sus hijos fuesen gente instruida, civilizada y socializada, no dos Mowglis trepando palmeras, de forma que cuando Grace y su hermano Christian fueron dos atléticos adolescentes, dijeron adiós a la isla para reunirse con el predicador de dios sabe qué.

De esta forma, Grace se vio trasplantada a la localidad de Siracusa, en el estado de Nueva York. La pobre se vio entonces superada por todo un sistema basado en los drive-ins, los centros comerciales, la high school y sus tonterías, y lo peor: LAS NORMAS.
Jones no estaba acostumbrada a regirse por norma alguna, más que las de la naturaleza. Así que hizo de la rebeldía su bandera.
Sumémosle a esto la existencia de putarracas niñas en el colegio, que se metían constantemente con Grace, a la sazón, única chica negra del colegio y con unos pelos afro como setos sin podar.
Las malas experiencias con las niñatas católicas e inmaculadas y la existencia de normas ante las que rebelarse fueron fraguando la transgresora personalidad de la Jones.
Aquella etapa fue decisiva en la personalidad que Jones desarrollaría posteriormente, y que la llevó a convertirse en la auténtica reina, del día y de la noche, de Nueva York.

Hasta el afro de la escuela, Grace escapó a Philadelphia con idea de estudiar para actriz, sin embargo, pronto regresó a NY, donde fue reclutada por la agencia de modelos Wilhemina. Acababan de abrirse las puertas del Olimpo para Grace, que pronto se vio desfilando en París y siendo portada de Vogue y Elle.
Todo el mundo llegaba a las manos por tenerla en nómina.
Y así, afianzada en su nueva condición de deseada y poderosa, Grace comenzó a dar los primeros pasos de lo que sería su escandalosa historia.
Al tiempo que compaginaba su trabajo como modelo, comenzó a tener pequeños papelitos en peliculillas e incluso comedias, cosa sorprendente. Y es cierto, como podéis comprobar en cualquier programa rosa, que la que es modelo es, automáticamente, actriz y cantante (y no necesariamente en este orden).

Grace se hizo la dueña de Manhattan, y su presencia era requerida en toda discoteca, clubes privados y saunas de dudosas actividades orgiásticas.
Esta ubicuidad discotequil hacía que fuera fija y musa en las noches de Studio 54, donde hizo interesantes amiguitos, como Andy Warhol, quien le hizo retratos y confidencias.
El reinado de Grace tenía también lugar durante el día, siendo habitual en desfiles de moda, estudios de fotografía y todo sitio chic que se preciase. Todo el mundo quería a Grace Jones para si, y ella se dejaba querer al tiempo que hacía lo primero que se le pasase por la cabeza. Y todos la copiaban, aunque para cuando la copia estaba hecha, ella ya había dado una vuelta más de turca y sorprendía a todos con nuevas invenciones llenas de atrevimiento y revestidas de escándalo.

Fueron tremendamente famosas y escandalosas sus performances de todo tipo, en las que Grace exaltaba el poderío y la sexualidad del cuerpo de la mujer negra haciéndose acompañar en el escenario por tigres y leones vivos y coleando. Ella misma adoptaba el papel de pantera negra en algunas actuaciones, que mezclaban los mitos ancestrales africanos con altísimas dosis de erotismo sin complejos.
A veces incluso salía disfrazada de gorila, en un tipo de shows que la gente no acababa de entender del todo.
Ella fue la primera a la que le dio por ir con las tetas fuera, como si de una parte más de su vestimenta se tratase, en aquellos tiempos en que ir con las tetas fuera no te podía defenestrar, como le ha ocurrido recientemente a la Janet con su espantosísimo pecho fuera en la Super Bowl. A la sociedad americana aún no se le había ido la pinza definitivamente, haciéndose adepta del actual puritanismo taliban.
Grace impulsó el concepto del body painting en colaboración con dos amigos artistas suyos: Jean-Paul Goude (futuro padre de su niño Apollo) y Keith Haring, el artista favorito de mi señor marido. El negro y perfecto cuerpo de Grace, con sus 179 cm, se cubría de dibujos como tribales y con pinturas fosforescentes que la hacían destacar fantasmagóricamente en la oscuridad.

Estos artistas también creaban para ella adornos metálicos de todo tipo, y la cacerolada estaba servida cuando ella bailaba en el escenario a ratos sinuosa y felinamente, a ratos como poseída por los peores espíritus del vudú jamaicano.
En esta etapa de performances desconcertantes es donde Jones cultiva y potencia su androginidad. En muchos de sus espectáculos aparecía vestida de hombre y actuando como tal, obviando las formas femeninas que en otras ocasiones exaltaba.
Su interesante musculatura y ausencia de grasa también la acercaba más al hombre y distanciaba de la mujer. Grace tenía metido al público en el bolsillo.
Y con tanta diversificación laboral y ritmo frenético de vida, se encontró en 1976 con que estaba cansada de ser modelo, y decidió tomarse más en serio lo de cantar. Y es que en los años centrales de la década de los 70 la música disco vivía su mejor momento, y ella quiso apuntarse a este carro. Se equipó con un buen manager y un agente de prensa, decidida a ser la reina del disco dance, y pronto vio la luz su primer disco “Portfolio”.

De aquí salieron singles con títulos como “I need a man” que la catapultaron aún más a la adoración colectiva, por si no tenía suficiente ya. Y así fue como Grace fue erigida “Diva Gay”, siendo la primera diva de este tipo coronada como tal y con un seguimiento más que fervoroso por parte de este grupo.
Su actividad en apoyo a los homosexuales se ha hecho patente en numerosas ocasiones, siendo la más simpática de todas ellas su participación en los “Gay Games”, unos juegos olímpicos gays. Este apoyo manifiesto hizo que se cotilleara más que mucho sobre su orientación sexual, que ella no confirmaba.

La carrera musical de la Jones continuó por agradecidas sendas, dando a luz un puñado de discos de música dance, acogidos con calor por el público de los 80, siempre dispuesto a bailar y meterse alguna droguilla para acompañar. Grace siempre se hizo acompañar por los mejores productores musicales del momento, como Nile Rodgers o Sly & Robbie, siendo esta la base de su éxito.
Viendo consolidada su carrera musical, fue cuando Grace se decidió a desembarcar definitivamente en el mundo del cine. De sus infumables incursiones cinematogáficas solo cabe destacar su aparición en tres conocidas sagas. “Conan el Destructor”, “Rocky IV” (con lío sexual y posterior compromiso matrimonial con el anabolizante con patas llamado Dolph Lundgren) y “Licencia para matar”. En esta última daba la réplica a Roger Moore, el actor más maquillado y racista del panorama. Moore pidió ser sustituído por un doble en las escenas de sexo con Grace!

La década de los 90 apartó a Grace Jones de sus actividades artísticas más públicas, y se la pudo ver en un documental sobre Andy Warhol y su troupe, interviniendo en miniseries y sitcoms o prestando su voz a un videojuego. Esto de doblar videojuegos es como el cementerio de los elefantes al que los artistas acuden a morir profesionalmente. Piensen sobre ello, pónganse ejemplos.
Aunque el espíritu transgresor y combativo de la diva no había muerto, y en 1998 volvió a sacar las tetas sin venir a cuento en una celebración en Disneylandia. Grace fue vetada de por vida en estos reinos de la imaginación y fantasía. También fue arrestada en estos tiempos por posesión de cocaína, aunque lo sorprendente es que hubieran tardado tanto en cazarla. Grace siempre confesó ayudarse con sustancias ilegales para mantener ese ritmo de vida. Vade retro, barritas Hero Muesli!!
A finales de los 90 se tiene constancia de que Grace estaba de gira teatral por América, con la simpática obra “El mago de Oz”, interpretando a la bruja del Oeste y haciendo mini-giras revival con sus grandes éxitos del dance ochentero.
No tengo ni idea de a qué se ha dedicado en estos últimos diez años, aunque todo apunta a que, a sus 55 años, Grace no ha abandonado el carro del escándalo. En una entrevista concedida a una publicación de Montreal en 1997, Jones presumía de novia, de contactos de dudosa reputación y de líos callejeros.
Es bueno recordar a la gente en su mejor momento, y no en su declive, así que no indagaré en sus últimos años. Recuerden a la poderosa mujer, esa cabeza con cresta de mohicano que abría la boca y tragaba un coche en un anuncio de neumáticos muy popular.
Cuando lo vi en mi más tierna infancia, quise ser como ella, diferencias de color aparte. Naomi Campbell diosa de ébano? Ja, ja, ja... permítanme que me parta de risa.
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