Eurovision 2006:
Estuvimos en Atenas
Texto por Coolfrenesie (a.k.a. Madge)
Fotos exclusivas por:
Robert, Zarraly Kiv y Fifty Fifty
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La bailarina de Las Ketchup, la mejor de todos |
Atenas es una ciudad alucinante, caótica y un poco de perros, sobre todo porque hay más chuchos abandonados que gente por la calle, pero no voy a negar nunca que es y será un sitio ideal para albergar eventos como este. La ciudad tiene un tamaño que debe ser como dos veces Madrid y los griegos son una gente muy espontánea y desinhibida y los bares cierran a la misma hora que aquí, así que la novelería y el cachondeo están más que asegurados. Y para quién interese (supongo que a todos) es el sitio con mayor número de chulazos por metro cuadrado de Europa, y no valen excusas como que el Mister Gay Europa se celebraba allí de manera simultánea a Eurovisión. Los griegos(y las griegas) están muy bien, y si no que se lo pregunten a Paris Hilton, que es la que más sabe de todo del mundo.
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A la salida de la final
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Ya desde que uno llegaba al aeropuerto, su cerebro iba siendo lavado poco a poco por la masiva campaña publicitaria que habían preparado para el festival. El diseño gráfico de Eurovisión quedará para siempre en nuestras mentes después de haberlo contemplado unas tres millones de veces en los lugares más insospechados y chungos, tales como cintas recoge maletas, farolas, tranvías, metro, revistas, edificios, taxis, periódicos y libros en cada kiosco. Los dependientes de las tiendas nombraban a las Ketchup cuando les presentabas el DNI español para pagar con tarjeta y cada emisora de radio emitía maratones 24 horas de eurovisión.
La novelería que se desató en España con OT se queda en nada comparado con la avalancha que vivimos todos en Atenas. Ellos tienen unos 8 canales nacionales, fantásticamente llenos de rubias tontas que presentan cosas no muy sustanciales. En cierto momento, cuando la cantante griega Anna Vissi anunció su vestido a la prensa, diseñado para ella por Gaultier, cada uno de los ocho canales de televisión paró su programación para emitir partes especiales sobre el vestido y su significado. De hecho, los telediarios dejaron de la lado durante una semana sus tostones habituales sobre Irán y la prisión de Abu Grahib para comentar hasta la saciedad que al cantante de Rumanía le había salido un gallo en el escenario o que la cantante de Islandia, Silvía Night, ha llamado retardados a los técnicos de sonido.
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La teclista de Lordi, a un metro de distancia.
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Todo el follón de Eurovisión quedó concentrado en la Villa Olímpica, diseñada por Calatrava y por eso exactamente igual a todo lo demás que ha hecho este hombre. El nombre del complejo se llamaba OAKA y estos griegos ingenuos se refieren a ella como GUACA, lo que nos daba mucho mal rollo, pero afortunadamente el rollo que se respiraba allí no tenía mucho que ver con los Latin Kings.
Por fuera del estadio habían concentrados kioscos vende-mousaka-y-cerveza y miles de personas se acercaban con banderas de países y de subpaíses y ya iban apuntando maneras de hooligans. De hecho un festival de eurovisión es, en nuestros días, como una final de la Champions, pero en marica. Como no teníamos entradas para la semifinal del jueves, nos dirigimos a la sala de prensa después de recoger nuestras acreditaciones. Esta sala de prensa es más o menos como una sala de cine gigante llena de periodistas verdaderos y falsos, gente con banderas, cámaras de programas de televisión y fans de cualquier cosa. Durante la semana, en esta sala se celebran las ruedas de prensa, pero los días de la semi y la final, los periodistas sin entradas para el estadio las pueden ver desde aquí. Al principio todo el mundo permanecía sentado, pero tras dos o tres canciones, las cervezas y los cubatas fueron entrando hacia dentro desde los chiringuitos de fuera y todos los presentes acabaron bailando sobre las sillas y agitando la primera bandera que agarraban. Es decir, no habría más diferencia con un partido de fútbol que el hecho de que el 90% de la concurrencia se desbocara durante el tiempo que Sakis Rouvas permanecía en pantalla o bailaran sobre una mesa con los brazos en alto al ritmo de Kate Ryan.
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con una de las portuguesas de Non Stop, la que lleva el pelo a lo Kelly Osbourne.
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La penúltima de las canciones, Bosnia Herzegovina fue el apogeo de la euro-locura que se vivía en esa sala de prensa. No quedaba nadie sentado o de pie sobre el suelo y con semejante griterío no había quien escuchara algo, pero bueno, tampoco importaba tanto. Una vez que se anunciaran las diez finalistas, abandonamos el recinto, y fuimos directos (sorteando a las cámaras de televisión de cada país que entrevistaban a sus estrellas venidas a más o a menos) a la cantina de prensa, que para algo una marca de cerveza patrocinaba en festival y teniendo en mente el mantener la reputación de alcohólicas que pesa sobre los miembros de La Mesa Camilla.
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Carola ante las cámaras tras saberse perdedora. |
La organización dispuso de un lugar llamado Euroclub, que el resto del año se llama Teknópolis y es un centro cultural para exposiciones y cosas conceptuales, pero que lo habían adaptado como centro de pendoneo eurovisivo para todas las personas acreditadas. Allí había bebidas gratis para todos. En teoría se trataba tan solo de una consumición por persona y noche, pero los griegos no son gente estirada y si les caes bien te están llenando el vaso toda la noche, por lo que más de uno la montó ahí dentro. Entre todo, vimos a las Non Stop de Portugal que estaban en cada plaza haciendo botellón, a las hippies holandesas que estaban puestas hasta el culo y revolcadas en el suelo, la espectacular bailarina de Las Ketchup que podría volver hetero a cualquiera o los rockeros travestis de Noruega del año pasado que nos cotillearon que el año próximo volverían con una canción llamada “Ass”. Yo personalmente salía una vez de una puerta para chocarme con Lordi frente a frente y creo que aún tengo pesadillas por la noche pero todo con cariño eurovisivo, claro.
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Finlandeses durante las votaciones.
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Alguna mano malévola puso la Chueca ateniense al lado del Euroclub, por lo que los acreditados no tenían que ir demasiado lejos para continuar la fiesta hasta las tantas. El barrio en sí es como debe ser Chechenia, es decir, casas y calles destrozadas y casi sin iluminación pero con llena de bares y clubes absolutamente trendsetting que de hecho cobran veinte euros por dos cervezas. En ciertos momentos nos acordamos de la familia de la Paparizou, ya que en tres días no escuchamos ninguna canción que no fuera eurovisiva, salvo (dos veces) el “Malo” de Bebe, lo cual es aún(mucho) peor. Pero de resto, el lavado de cerebro continuaba, ya que hasta los músicos callejeros que tocan en los restaurantes interpretaban la canción que Sakis Rouvas llevó a este festival hace dos años.
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La griega Anna Vissi en la rueda de prensa de antes del festival.
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La final fue celebrada el sábado, y cualquiera podía notarlo ya que unas horas antes el tráfico se colapsó más de lo usual y no quedaba un solo taxi libre en toda la región del Ática y por lo visto, las calles quedaron vacías al comenzar el show hasta que terminaron las votaciones. Alrededor de la OAKA se repetía el barullo de siempre, controles de seguridad, revendedores de entradas, gente lerda que no sabe por donde se entra para su asiento, policías que te llaman la atención mientras se toman una cerveza, kioscos de bebidas pinchando a la Paparizou, gente con banderas y banderas extrañísimas, gente disfrazada para apoyar a sus ídolos, cámaras de televisión y un montón de estress. Pero al menos te regalaban llaveros de eurovisión, tarjetas de teléfonos móviles, palitos fluorescentes y banderas de Grecia, lo que se agradece en el mundo de hoy, tan agarrado y raro.
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El equipo LMC, al empezar la final
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Como los de la mierdaweb somos VIPS, cuales Elisa y Teresa, nuestros asientos estaban justo frente al escenario, por lo que pudimos vivir un orgasmo continuo viendo a Sakis Rouvas volar por encima nuestro o a la Paparizou moverse sensualmente a tres metros de nosotros al ritmo de su pachanguero nuevo single.
El público enloqueció haciendo temblar el estadio en determinadas actuaciones, como las de Grecia o Finlandia, otras las abucheó sin vergüenza ninguna, como la de Lituania, cuyos únicos fans éramos nosotros y otras pasaron como si nada, como la de las Ketchup. Al final del programa y tras unas cuantas cervezas(con las cuales no había ningún problema para tomárselas en el asiento) nuestros cuerpos no soportaban más gritos y saltos y estábamos completamente bañados en sudor, pero felices porque la mejor canción posible había ganado Eurovisión. En general todos los asistentes estaban contentos, menos los aficionados a la cantante croata que abucheaban sin pudor ni nada de eso. Los finlandeses se expresaban tanto como su condición de nórdicos les permite, es decir, se tiraban al suelo, se abrazaban, lloraban y cantaban en grupo ebrios de vodka en vena. No olvidemos que Finlandia lleva participando cada año desde 1961 y su mejor clasificación ha sido un puesto 6 en el año 1973, lo cual es bastante deprimente, pero esta victoria termina con Finlandia como líder del Top Cutre de Eurovisión, lugar que queda ahora tan solo reservado para Portugal.
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Al terminar las votaciones.
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La vuelta al centro fue apoteósica. En medio del furor hicimos amistad verdadera con algunos fans escandinavos totalmente dementes y con una jovencita inglesa vestida de colegiala que era absolutamente genial. Durante los veinte minutos que tarda el metro en llegar al Euroclub pudimos repasar las 20 canciones más conocidas de Eurovisión y la gente sentada en el metro no se cortaba en absoluto en acompañarnos, y cuando hablo de la gente del tren, me refiero a TODO el vagón.
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Alpio con Frabrizio, el cantante maltés que
acabó último con un punto de Albania. |
Sobre las Ketchup tan solo puedo comenzar a pensar en si tomaré pasta o carne en esta fabulosa cena que me debe un regular de esta página que apostó conmigo la victoria de las cordobesas en el festival. Yo aposté sabiamente en contra, claro.
En definitiva, el final ha resultado de lo más excitante, sobre todo cuando pensamos en lo que nos puede esperar el año que viene en Helsinki. Aunque los lectores de esta mierdaweb probablemente no nos cansemos jamás de rubias en tacones rodeadas de bailarines, cada diez años necesitamos una canción rompedora que desintegre el concepto de Eurovisión tal y como hicieron en su día Sandie Shaw, ABBA o Dana Internacional. Y lo que venga después tan solo puede regocijarnos en anticipación. Rock duro. Aleluya.
Y sobre lo que más podemos destacar del espectáculo, bien por su excelencia o bien por todo lo contrario he decido ordenarlo más abajo. Los que me conocen saben que me encantan los Top 10 y los Hits Parades y aquí tenemos ambos para mayor orden y disciplina:
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Lordi al terminar la final.
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El Top 11 de cosas maravillosas:
1.
Ex aequo para Sakis Rouvas y los ganadores, Lordi. Let´s get satanical, honey.
2.
La no clasificación para la final de Kate Ryan y sobre todo ese estribillo apoteósico en el que pudimos ver los zapatos bakalas del cámara en vez de a la divilla bakala entre cuatro palos de micrófono de neon naranja. Fue una gran injusticia, pero a todos nos pone una estrella del tres al cuarto hundida en la miseria. Y si es eurovisiva, más.
3.
Los bailarines de Turquía., porque no podrían estar más buenos ni bailar mejor. Aparentemente han trabajado con Kylie, y es que la enana siempre supo elegir hombres fabulosos a su alrededor, aunque no tanto como su hermana, la enana B.
4.
Los bailarines de break dance de Rumanía. En el momento en que giraban sobre sus cabezas en las plataformas, el del medio salió volando en plan giratorio y se estrelló contra el suelo mientras la cámara miraba a otro lado. Casi muere en directo mientras 14.000 personas pasaban de su vida y coreaban “tornerò, tornerò”. Pero de no haber sobrevivido, hubiera sido la muerte más marica de la historia.
5.
La actuación de Silvia Night en la semifinal. Montar el Rocky Horror Picture Show en el escenario es lo mejor que se puede hacer en este festival. Pero todo el mundo se quedó en plan místico con la canción de Bosnia que acababa de ser interpretada y ni siquiera esos abucheos tan de diva decadente consiguieron que ese ego más grande que la vida fuera comprendido.
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Lordi en el Euroclub después de la victoria. |
6.
Lituania y su canción de “We-are-the-winner-of-Eurovision”. Aunque esos aficionados de eurovisión que no salen de casa lloraran en desesperación, estos seis señores que se cachondean hasta de su madre se convirtieron en lo más comentado de la noche con su demente canción hooligan de nueve palabras. Cada vagón de metro ateniense en peso cantaba esa canción durante cada noche de esa semana. Poder hetero.
7.
Que Noruega no consiguiera más que un puesto 14 con esa canción tan cursi que no pertenece a esta era. Si el pop muere, que al menos el rock sea el sustituto. Pero no una niña virgen por convicción que le canta a los elfos. Un bloody mary, por favor.
8.
Las mayores drama queens de la historia, Carola y Anna Vissi, las dos superproducidas divas de Suecia y Grecia viendo cumplidas sus pesadillas de no ganar y de ser adelantadas por un puñado de países. Por mucha campaña publicitaria que se monte, pirotecnia, arrodillamientos trágicos, banderas y vestidos de Jean Paul que traigan, un grupo de heavy metal, un tipo escuálido ruso, un coñazo bosnio, un pastillero rumano entre otros sacan más puntos de Europa y los corazones de dos superestrellas se rompen en mil pedazos de pedrería.
9.
Que las ultracoreografías y elementos raros en el escenario están en un punto culminante para nuestro entretenimiento. Patinetes, combas, zapatos enormes de tacón, pupitres y colegialas, sillas de oficina, chicas que salen de un piano y mujeres eslavas adoradoras del reggaetón, nada es demasiado para eurovisión. Y no olvidemos la marcial Ucrania, la mejor coreografía de este año que llevó al Top 10 una canción que no valía dos dracmas.
10.
La mujerzuela rubia que cantó “Loca” con Arsenium por Moldavia. Realmente en un festival en el que todo el mundo se va quitando la ropa en ele escenario, que alguien se la vaya poniendo hasta aparecer con un vestido de novia(putón) es ciertamente de loca.
11.
La bailarina rapada de Las Ketchup. Ella fue la auténtica estrella de la representación española. Hablando de bailarinas, las tías en bragas de Andorra eran las azafatas de Crónicas Marcianas o SPS, pero sin Marbelys la del infierno. MENCIÓN ESPECIAL: La policía griega, que es capaz de ofrecerte papelillo si te ve liándote un porro en la calle. Que aprendan los prepotentes inútiles que apatrullan nuestras ciudades.
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El cantante de Wig Wham, los glam rockers de Noruega del año pasado.
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Top 10 de cosas horribles:
1.
El look matrioshki ha invadido este festival, y no tanto en el escenario como entre las personas que acuden cada año a verlo. Tiene que ver con que la mayoría de los países que compiten esté cerca de Rusia(y por tanto, la mitad de la gente que había en Atenas era de allí) y no está realmente mal, pero al final cansa tanta rubiaca ordinaria blancucha mostrando medio culo a las cuatro de la tarde.
2.
Bosnia casi ganando con ese rollo de canción que Sara Montiel podría haber interpretado en los sesenta. Con cada país balcánico que iba votando le caían 12 puntos y nosotros nos ahogábamos en alcohol para sobrellevarlo.
3.
La mala gana que TVE ha puesto en todo esto. Si ahora les critican que apechuguen, roñicas, más que roñicas. También el bajón que produce ver la prensa española del domingo en el avión y no ver ni una nota acerca del festival. Uno se siente ya en casa, que horror.
4.
Irlanda y todo lo que conlleva. Martín Pareja Obregón tiene un clon en Dublín y no mola ni dos pulgadas más.
5.
Letonia pensándose que podría hacer algo con un grupo que canta a capella y tiene un robot en el escenario que hace el moonwalk. Como si no hubiera cosas raras que hacer en el escenario.
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El cantante de Rusia y su camisa customizada celebrando su segundo puesto.
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6.
Andreas Lundstedt de Alcazar cayendo más bajo que nunca participando en el horror de Suiza. Las canciones de paz y amor para todos (casi) nunca están bien. Ni siquiera el hecho de son todos malas personas pudo hacer esto más divertido. Pero su puesto 17 me dice que no soy el único que lo piensa.
7.
Que Malta quedara última. La verdad es que no tenía nada que no tuvieran las demás, pero un solo punto de Albania era demasiado. El cantante estaba a la mañana siguiente en un after llamado SoBar o algo así y por su cara demacrada parecía que más que Eurovisión había participado en Aventura en África(páprika).
8.
Todo lo que rodeaba a Israel. A Lionel Ritchie nunca le hubiera ido bien en Eurovisión, y el hecho de que esto viniera del mismo país que Dana Internacional da un poco de palo. 9.
La mujerzuela americana de Chipre en la semifinal creyéndose Mariah, igual de gritona e igual de gorda. Cantaba que por que los ángeles lloraban, cuando parecía obvio por sus dimensiones que era de miedo a ser devorados por ella.
10.
La votación vecinal, especialmente entre los países yugoslavos y los ex soviéticos. Pero todo se perdona ya que el ganador, Finlandia recibió 12 puntos desde Grecia a Suecia pasando por Reino Unido y Polonia y dieces desde Croacia a España, así que es como el ganador de todos.
Eurodrinking game Los que llegaron a la final
¿No recuerdan a los semifinalistas?
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