Estás aquí > Archivo>Música>Chayanne
 


Chayanne en Badalona:
Un hombre baila (8/9/07)
Por Hernán Migoya

Tiene nombre de yogur afrutado o indio mariquita.
Y tiene más alma de stripper que de cantante.
Pero Chayanne las vuelve locas sin remisión. No eran sólo latinas: el palacio de deportes de Badalona estaba asediado por colas mujeriles de toda edad, raza y casi una sola condición social: niñas y adolescentes sudacas pero también andaluzas viejas, pasando por un variado ramillete de maduras, solas, en manada o acompañadas por algún pobre marido resignado.

Chayanne es un hombre bailando y por eso atrae a tantas. No tiene en su magra figura atlética un solo gramo de ambigüedad sexual, es un macho corpulento y asaz primitivo ejecutando con gracia un danzarín merodeo de apareamiento, un rito forjado exclusivamente para ojos femeninos. Al contrario que Ricky Martin, no atrae a niñas rebeldes que se sienten provocadas en su bajo vientre por la ambigüedad sexual, sino a hembras que han identificado claro lo que necesitan; y en contraste con Ricky Martin, la edad no ha activado un gen mulato expansivo hasta convertirlo en la versión pote de Francisco Céspedes: a Chayanne la edad le sienta muy bien, mejor que la juventud. Claro que Chayanne no tiene tanto carisma como el Elvis portorriqueño: a mí me
caen y me ponen muy bien los dos.

A Chayanne le tengo cariño, porque gracias a él protagonicé una de mis boutades más inesperadas y sinceras: hace casi diez años, cuando el venezolano triunfaba por fin en España con el CD “Atado a tu amor”, yo disfrutaba en un festival de cine invitado por no sé qué razón. Una madrugada la pasamos todos los críticos de la generación cachorra en la discoteca y un par y yo nos embarcamos en una de esas discusiones hueras sobre cine en las que siempre me enfrento a todos, creo que defendiendo “The Crow” frente a la ignorancia de los expertos. Acorralado por la pretenciosidad de esta élite que -atención, amigos mesacamilleros-, ¡nunca folló!, advertí que de repente por los altavoces sonaba “Dejaría todo” y me arrojé a acompañar la letra. Sólo conocía el estribillo: “Lo dejaría todo porque te quedaras…”, etc.; pero fue suficiente: ¡convertí a los críticos en estatuas de sal! Se quedaron mudos, desconcertados, chafados… No se podían creer lo que estaban viendo, ¡a un cinéfilo oficial cantando una canción popular, absolutamente desconocida para ellos! Coreando una… una… ¡horterada! No supieron cómo reaccionar y así se quedaron: ahuevados. Nunca sospeché que una pizcadita de cultura de masas pudiera espantar así a un puñado de eruditos… La vida me dio una buena lección esa noche. Entre otras enseñanzas de mal gusto, supe definitivamente de qué lado estaba yo.

Del lado populachero. Siempre.

Pero ese triunfo del intelecto no fue suficiente para travestirme en incondicional de Chayanne, y durante el concierto lo resentí: el espectáculo badalonés me resultó bastante aburrido. Chayanne salió al escenario con vestuario de Baja Beach, seis bailarines y una banda austera, no hubo mucho más chou a lo largo de la hora y media de concierto (eso sí, de un tirón) que el venezolano brincando el palmito y alternando entre sus números de baile y las consabidas baladitas de halitosis italiana. Su repertorio es demasiado irregular, por decirlo de manera educada: él no se corta en cantar sus éxitos de cuando ídolo adolescente (¿qué coño es eso de “Fiesta en América”?), y mientras sus ritmos bailongos están construidos a veces con material demasiado vergonzoso para un europeo (ese “pon a gozar tu cuerpo con el boom” a mí me echa patrás, lo siento, bacanas hermanas latinoamericanas: un “Salomé” os lo dispenso), las baladas han sido tijereadas todas del mismo patrón. Eso sí, hay que concederle que las canta mejor que Ricky (pobre, hoy la tengo tomada con él) y que la última, “Si nos quedara poco tiempo”, suena bastante decente, si uno está acostumbrado a nadar entre la morralla… y, qué cojones, hay baladistas italianos que han construido una carrera entera sin una sola canción buena: Eros y Nek ahí siguen dando el callo y el coñazo.

Chayanne habló poco en el concierto y, lo que habló, lo habló exclusivamente para su público femenino: lleva la chufla latina consigo, pero no se le ve un picarón, más bien transparenta una normalidad psicológica y una honestidad artísticas decepcionantes. ¡Realmente parece un padre de familia cumplidor! Ahora, es de esos pocos padres de familia que cuando grita a sus fans: “¡Esta noche podéis hacer conmigo lo que queráaaaaaais!”, logra que una madre se levante del público y se entregue a grotescos y espasmódicos simulacros sexuales ante los atónitos ojos de su retoña.
Yo tenía al lado a una chola teñida llorando mientras no quitaba ojo del objetivo mediador de su móvil; detrás a una impresionante mamá latina, delgada y cimbreante, bailando y cantando al tiempo que sus dos niños se sentían fuera de lugar; y delante varios esposos secundando a sus enloquecidas parejas en torpes remedos chayannitos, haciendo lo posible por no quedarse muy atrás y quedándose.
No me distanciaré para ganarles altura estética y moral: a mí también me tocó hacer el paripé.

 

 

8 septiembre 2007

Opina en nuestro Foro

Enlace recomendado

 
© 2005 La Mesa Camilla